Francisco García Marquina:
"MIENTRAS HAYA UN ADOLESCENTE ESCRIBIENDO UN POEMA DE AMOR LA LITERATURA ESTÁ SALVADA"


El escritor, nacido en Madrid, es un amante de la provincia de Guadalajara, en la que reside hace 28 años.
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AURE HORMAECHEA

Francisco García Marquina ha estudiado durante muchos años la obra de Cela y, en concreto la relación del Nóbel con la tierra de Guadalajara. En esta línea, destacan títulos como "Guía del Viaje a la Alcarria", donde revive las experiencias de su amigo años más tarde, o la biografía "Cela: masculino singular". No obstante, este autor ha destacado, sobre todo, por su creación poética, con la que ha obtenido numerosos y prestigiosos premios como el Tiflos de poesía en el año 2000.
Francisco García Marquina ha escrito cerca de una treintena de libros, sobre todo de poesía, pero lo que le ha dado una mayor popularidad en los últimos meses ha sido su amistad con el fallecido premio Nóbel, Camilo José Cela. Parte de su obra, "Cela: masculino singular" y "Guía del Viaje a la Alcarria", ponen de manifiesto su admiración por el controvertido literato. En la entrevista que hemos mantenido con él era inevitable que su recuerdo estuviera presente.

El escritor, nacido en Madrid en 1937 pero que vive en la provincia de Guadalajara desde hace 28 años, recuerda sus inicios en el mundo de la escritura con continuas referencias a Camilo, como él lo llama con familiaridad. De hecho, fue empezar a hablar de sus inicios y salir de sus labios su nombre: "Mi vocación literaria subyacía siempre lo que pasa es que si decía en casa que quería estudiar para poeta me corrían a gorrazos; eso le pasó también a Camilo al que decían sus familiares 'saquen enseguida a este niño una pelota para que no le entre la vocación literaria'".

Esta situación provocó que García Marquina se inclinara por estudiar y licenciarse en Ciencias Biológicas, disciplina que le sirvió para dedicarse a la docencia pero tan sólo por un corto espacio de tiempo. No obstante, bromeando asegura que no era mal profesor: "Yo hubiera deseado ser alumno mío aunque esto pueda parecer una desvergüenza vanidosa".

Eso sí, afirma que la Biología le ayudó también para "ponerme alerta sobre los contenidos de la naturaleza y mi amor por lo concreto, para mi no existe la palabra árbol o pájaro, yo te puedo hablar de cada uno de los que conozco; eso se traslada a la literatura, y por tanto procuro escribir de cosas muy concretas, no hay que andarse con rodeos". Es más, a su juicio, "la poesía si quiere ser eficaz tiene que ser sobre elementos muy concretos para tener fuerza; de ahí ejemplos tan importantes como 'Las nanas de la cebolla', de Miguel Hernández, o 'La oda al caldo de congrio', de Neruda, aunque son cosas aparentemente triviales".

Asegura que hoy en día de una de las cosas de las que sigue disfrutando es la naturaleza y que de hecho, es lo que más le llena junto con la literatura. A ella le dedica gran parte de su tiempo de ocio en la finca El Cañal, situada en el kilómetro 6 de la carretera de Fontanar (Guadalajara), donde reside, muy cerca de donde Cela tuvo también su domicilio hace unos años.

García Marquina se plantea la literatura no como una forma de vida sino como una verdadera necesidad: "Es lo que sé hacer y lo que me pide el cuerpo". Además, para él es la mejor forma de expresión: "Hasta que no las pones por escrito hay muchas emociones y conocimientos que no los tienes; las ideas para asentarse necesitan conformarse mediante la escritura". A pesar del estresante ritmo de vida actual se muestra optimista y asegura que "mientras haya un adolescente escribiendo un poema de amor la literatura está salvada".

Vocación desde la infancia

Su vocación literaria o habilidad para manejar las palabras, como a él le gusta definirlo, insiste en que procede de su infancia: "Ya de pequeño leía mucho y en el Colegio del Pilar de Madrid, donde estudiaba, me llamaban el poeta". Y ahí es cuando vuelve a recordar a su amigo Camilo "es lo que le pasaba a él que leía todo lo que encontraba a mano y fue adquiriendo una cultura y una soltura". A su juicio, hay que tener una cierta habilidad para manejar las palabras: "Catedráticos hay muchísimos pero luego son incapaces de hacer una cosa creativa".

Uno de los primeros libros que publicó llevaba por título "Nacimiento y mocedad del río Hungría" y según puntualiza García Marquina surgió en Guadalajara "aunque hoy ya no hay quien lo encuentre".

Por tanto la provincia castellano-manchega y su entrega a la literatura han ido unidas: "Llegué y empecé a escribir simultáneamente un libro y un poema que presenté a un concurso de la Diputación y con los que gané dos premios". Sonríe recordando que "el jurado se quedó perplejo comentando quién sería ese escritor que conocía tan bien Guadalajara; incluso se corrió la voz de que era un pastor ilustrado".

Cuando se le pide que eche una mirada atrás y valore la evolución de su obra afirma que "no cambiaría nada, cada momento tiene su libro y su manera de concebir el mundo y no puedes rechazar todo lo anterior; todos vivimos vidas sucesivas y lo que tenemos que hacer es fecharlas".

"Cosas del señor" es su relato más reciente del que dice "contiene muchos elementos autobiográficos, estoy todo yo en todos los personajes; siempre pasa que cuando describes un héroe es el que te gustaría ser y si sacas un canalla sacas lo peor de ti mismo".


Francisco García Marquina en el jardín de su casa en la provincia de Guadalajara.
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AURE HORMAECHEA

A su aire

Respecto a los premios tiene una opinión negativa. Así, asegura que no dan ninguna categoría "porque casi todos están pactados y no precisamente por motivaciones literarias sino por favores de uno u otro tipo; hay gente que escribe cosas magníficas y no se come una rosca". Sin embargo, él mismo ha recibido una veintena de galardones, la mayor parte de ellos de poesía, circunstancia que aclara: "Los premios de poesía nunca resuelven la vida a nadie porque son de poca cuantía; yo tengo bastante obra premiada porque es el único recurso para quien como yo vive socialmente aislado".

Insiste en que le gusta trabajar a su aire y que no es una persona competitiva que forme parte de los ambientes en los que se alardea: "No tengo interés; prefiero estar escribiendo a pelearme en el Café Gijón buscando sacar una subvención o quien te haga una buena crítica, eso no me compensaría". Asegura que esta actitud de aislamiento no le supone ningún sacrificio: "Elegir es renunciar a algo, eliges una forma de ser y no otra aunque tenga sus inconvenientes".

No obstante, sí se capta cierto tono de resentimiento en sus palabras: "La literatura se ha convertido en una rama de comercio; hoy no hace falta ser escritor sino ser popular y tener buenos padrinos". Bromea incluso asegurando que si Helen Lindes hubiera escrito su último libro se hubiera vendido como churros.

Sobre el tono irónico de parte de su obra explica que le gusta el juego del humor. De hecho, bromea y saca su lado irónico constantemente mientras habla: "Me da mucha grima el sentimentalismo y todos mis poemas están teñidos de esta medida desmitificadora".

Amistad con Cela

En los años 60 García Marquina empezó a escribir artículos y estudios literarios sobre Cela y la Alcarria. Pero su relación de amistad aún tardaría veinte años en surgir: "Fue en los años 80 cuando viene a Guadalajara con motivo del segundo 'Viaje a la Alcarria' cuando entramos realmente en contacto, posteriormente me llamó preguntándome si le daba asilo para la segunda generación de sus amores".

Al referirse a su relación el escritor afincado en Guadalajara asegura que "lo más meritorio no es que yo le tuviera admiración, cosa que es lógica, sino que él me la tuviera a mí". En este sentido, explica que "sentir el peso del afecto de Camilo, que era un hombre extremoso en todo, es determinante en la vida de cualquiera".

Reconoce así que al mismo tiempo influyó en su trabajo "fundamentalmente en la prosa viajera; desde que él escribió 'Viaje a la Alcarria' todo lo que se ha hecho después estaba absolutamente determinado por esta obra". Respecto a si el Nóbel mantenía una actitud crítica con su trabajo se muestra cauto y humilde: "No estaría bien que yo dijera lo que admiraba en mi".

En cuanto a la controvertida imagen del premio Nóbel admite que era un personaje muy complejo: "Había tres realidades en él que conocer y deslindar: Cela escritor, Cela actor y Cela íntimo; los tres son reales pero no se pueden mezclar, no puede contaminarse uno con otro". Por tanto, lo que el público conocía es el personaje que el propio Cela fabricó a su medida porque "la teoría que defendía es que antes de que te fabriquen un personaje más vale que lo hagas tú, hay que evitar que la gente te fabrique un marchamo y te residencie en un albergue".

El escritor fue una de las personas que tuvo la ocasión de estar con Cela la víspera de su muerte. Ese momento lo recuerda con especial emoción y al detalle: "Le dije a Raúl del Pozo, que no se atrevió a entrar en el cuarto, es un muerto enorme porque a pesar de su situación tenía una majestad, un aspecto formidable independientemente de la ruina que estaba en ese cuerpo".

Alcarreño por elección

En cuanto a su relación con la provincia castellano-manchega explica: "Yo siempre he mantenido la teoría de que, en contra de lo que habitualmente sucede, con los que nacen en Guadalajara que son alcarreños por fatalidad yo lo soy por elección, he venido a vivir aquí y estoy convencido de que estoy en casa".

Así, señala que no quiere que se le considere como un extraño: "No quiero que la gente piense que soy un científico que estudia los peces desde fuera del agua; lleva ya 28 años viviendo aquí y creo que puedo hablar desde dentro".

Asegura que lo que le llevó a Guadalajara fue Cela de la mano del primer "Viaje a la Alcarria". "Eramos vecinos de la casa de donde salió a hacer ese itinerario que era Alcalá 185; entonces yo solo tenía nueve años y no fue hasta los 16 cuando estaba estudiando preuniversitario cuando lo releí y me empezó a gustar".

Marisa Barrios