Antonio Martínez Ballesteros, dramaturgo
"EL TEATRO CONTEMPORÁNEO ESTÁ SIENDO SUSTITUIDO POR EL TEATRO CLÁSICO"


Martínez Ballesteros en la biblioteca de su casa en Toledo.
Foto: JUAN CARLOS GONZÁLEZ

El grupo Pigmalión ha cumplido treinta y cinco años de historia. Tres décadas y media que han servido para unir el devenir de este grupo teatral que ahora componen ocho miembros -Fernando Botica, Ana Martínez Gil, Carmen Roldán, Miguel Ángel Barajas, Armando Botica, Elena Echevarría, Diego Mendoza y Elena Botica- con la vida y obra del dramaturgo toledano Antonio Martínez Ballesteros.

Con su hablar sereno, a veces desencantado, a veces esperanzado, analiza el teatro que nos toca vivir y lo compara con aquellos autores que empezó a representar Pigmalión a mediados de los años sesenta: Bertolt Brecht, Antonio Buero Vallejo u Osvaldo Dragún, "una serie de autores que, vistos ya con la perspectiva de los años, a mí me parece que no han sido superados".

Antonio Martínez Ballesteros sólo subraya de sus orígenes que es "toledano" y omite cualquier referencia a la fecha de su nacimiento, a pesar de que sería bastante fácil aproximarse con cierta exactitud a los tiempos que le vieron abrir los ojos por primera vez. Resulta sencillo no sólo por el análisis de su apariencia, sino por la experiencia vivida y compartida sin ningún pudor. En casi una hora de conversación aparece una infancia marcada por su timidez, "desde niño he sido muy tímido. No me hubiera atrevido a interpretar los papeles de mis obras", dice; aparecen fotos de representaciones de Pigmalión, también su lectura actual, 'Tiempos de hambre. Viaje a la España de la posguerra', de Isaías Lafuente; nos muestra el piano que ocupa gran parte de la habitación de su casa en la que escribe, entre dos y tres horas por las mañanas. "Se dedican unas horas a escribir y muchas a pensar", explica Martínez Ballesteros, que no se autocalifica de escritor compulsivo porque "la escritura no es escribir todos los días, sólo escribo cuando en mi cabeza tengo ya el texto". Y también habla, y mucho, de su familia. De sus hijos y de sus nietos.

nfancia, ocio, recuerdos, trabajo y familia. Todo envuelto en el teatro al que sigue dedicando su vida y con el que vivió en la década de los noventa algunos de sus años más felices con el estreno de 'Pisito clandestino' y 'Salir en la foto'. Antonio Martínez Ballesteros, que no augura un buen futuro a la representación escénica, lamenta que se haya perdido el interés "en arriesgarse, en probar nombres nuevos. Es lamentable que esté tan vacía la cartelera de autores contemporáneos vivos, cuando se están dando versiones teatrales de películas famosas como 'Paseando a Miss Daisy' o 'Los puentes de Madisson' ".

Tal es su desilusión con la cartelera actual que no duda en afirmar que el teatro "está en una continua crisis, pero en la actualidad es mucho mayor porque la gente va menos, porque los precios se han disparado, porque se representan autores clásicos y no modernos, no actuales. Al público lo que le debe interesar es una obra sobre lo que esté viviendo. Las obras de Lope y Calderón interesarían mucho al público de su época, pero el público que dice ahora que le gusta muchísimo Lope de Vega y Calderón, es un esnob, porque piensa que decir que Lope y Calderón son estupendos es presumir de su conocimiento y que está por encima de los demás". Martínez Ballesteros abunda en esta polémica teoría cuando afirma que "todos los que van a ver teatro clásico, que no compromete a nada porque los problemas de la sociedad no se reflejan en esas obras, van a pasar el rato, sin que esto sea decir nada del teatro clásico que a mí me parece muy bien, pero el teatro contemporáneo está siendo sustituido por un teatro clásico que puede ser más o menos bonito, pero sus problemas no son los que nos interesan ahora". Con esa disyuntiva entre autores clásicos y contemporáneos, Antonio Martínez Ballesteros reflexiona sobre el papel social del teatro y afirma que "siempre se ha dicho que el teatro es un espejo de la sociedad, pero que el teatro sirva para remover las malas costumbres de la sociedad es una utopía, no es así".

Por la conversación, que tiene lugar en el salón de su casa toledana, fluyen los títulos y argumentos de muchas de sus obras. Se le conoce por su teatro, por ser "aprendiz" de poeta y también por alguna novela. La deformación profesional ha provocado que, en ocasiones, una narración acabara en teatro, o que los apuntes de un verso finalizaran en relato. De una u otra forma recuerda sus orígenes como autor de vanguardia, tal y como se le definió entonces, su época más sicológica después de la Transición, su paso por el humor y la crítica para llegar la conclusión de que "lo mejor es escribir sobre aquello que me gusta, y ahora lo que me interesa más es el redescubrimiento de la memoria", por ello lee y trabaja sobre lo acontecido en la España franquista.

"El ocio es una de las formas básicas de educación"

En la conversación con este dramaturgo toledano se solapa su obra con la trayectoria de Pigmalión, cuyo primer fundamento "no ha cambiado. La idea era que autores muy importantes en el mundo se representaran en Toledo. Dadas las circunstancias políticas que existían, muchas de las representaciones tuvieron unos llenos tremendos. Ahora la idea es, en vez de representar autores reconocidos en todo el mundo, presentar autores españoles vivos que son totalmente desconocidos, o que sólo son conocidos en su tierra". Pigmalión ha cambiado la forma de presentar el teatro, de la representación a la lectura dramatizada, como también han cambiado todos sus miembros. Ninguno de los ocho componentes actuales participó en las primeras representaciones del grupo. "Entonces había mucha más gente -recuerda Martínez Ballesteros- porque la vida era totalmente distinta a la de ahora. La gente tenía un tiempo de ocio, la vida se iba disgregando poco a poco. Recuerdo mis tiempos de Bachillerato donde teníamos tiempo libre, de ocio, salíamos a dar un paseo, daba tiempo a hacer teatro, daba tiempo a hacer de todo... He visto las generaciones de mis hijos y todavía tenían tiempo pero menos que nosotros, y ahora llega un momento en el que, por ejemplo, mi nieto no tiene tiempo para nada". El tiempo y su ausencia, cuestión que hace preguntarse al dramaturgo si "las generaciones de ahora saben más que las de antes. Yo creo que no, yo creo que no. Realmente una de las formas de educación básicas yo creo que es el ocio, y ahora no hay ocio. Incluso desde el punto de vista familiar, la vida es un desastre".

La falta de tiempo para los ensayos y otra percepción de la representación teatral han motivado que el futuro de Pigmalión sea la lectura dramatizada, tal y como hicieron en la conmemoración del treinta y cinco cumpleaños del grupo. Antonio Martínez Ballesteros prepara ya para la próxima temporada, con la colaboración de la Biblioteca Regional, una muestra de seis autores contemporáneos, entre los que se encuentra algún dramaturgo castellano-manchego, cuyos textos serán leídos en Toledo por este mítico grupo de teatro.

Cuando estamos a punto de despedirnos Martínez Ballesteros nos comenta sus problemas de salud que le obligan a un paseo diario y a tomar ciertas precauciones. Cuando expone esos pensamientos se nos viene a la mente una frase por él pronunciada pocos minutos antes: "Si no escribiera tendría menos ganas de vivir".

Javier Fariñas