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Emilio
Calatayud, natural de Ciudad Real, es el Juez Decano de Menores de Granada
"ANTES
LA PATERNIDAD ERA MUCHO MÁS FÁCIL QUE AHORA"

Emilio
Calatayud es el Juez Decano de Menores de Granada y además
es natural de Ciudad Real.
Foto: JUAN
CARLOS GONZÁLEZ
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Que un juez
se haga famoso por condenar a un menor a aprender a leer y escribir tiene
su miga. Fracaso de la sociedad, de los padres, del chaval... Emilio Calatayud,
natural de Ciudad Real, busca soluciones, no culpables con sus sentencias
desde el Juzgado de Menores de Granada.
Ha
sido Rey Melchor en Granada y las madres de los menores a quiénes
ha tenido que condenar en alguna ocasión le llaman "padrazo".
Emilio Calatayud, Juez Decano de Menores de Granada, es manchego, de Ciudad
Real, pero se siente granadino "uno es de donde pace no de donde
nace" y por ello lleva más de veinte años paciendo
en Granada, pero no olvida su tierra y en Ruidera pasa vacaciones y fines
de semana. Llegó a la judicatura porque se empeñó
su novia y a juez de menores "por casualidad" pero ahora no
lo cambiaría por nada. Ha condenado a chavales a aprender a leer
y escribir, a participar en mudanzas y a visitar hospitales de lesionados
medulares. Muchos le conocen como el "juez de las sentencias"
pero él se limita a asegurar que practica "la justicia del
sentido común" y que en muchas ocasiones más que reeducar
y reinsertar, los menores necesitan ser educados e insertados de una vez
en nuestra sociedad.
Desde
el año 80 es juez y desde el 88 ejerce como juez de menores. Ve
a la semana unos veintidós casos. ¿Le molesta mucho esto
de que los periodistas le llamen cuando dicta alguna de sus sentencias
que hace que le conozcan como "el juez de las sentencias"?.
Son gajes del oficio. Esto salió en su momento y parece que le
han puesto a uno la etiqueta, pero vamos no hay ningún problema.
Al
parecer de chaval tuvo sus "cosillas"con la Justicia. ¿Cómo
y cuándo se produce el cambio de actitud y encauza su carrera hacia
la judicatura?.
Todo han sido casualidades. A mi lo que me pasaba es que era tímido
para los estudios y luego pues era travieso, hoy día alguna de
esas "cosillas" si serían constitutivas de delito. Lo
que pasaba es que no estudiaba, mi padre me marcó fuerte, me mandó
a Campillo a un internado, me puso a trabajar durante el verano en un
taller mecánico y luego por simple evolución a partir de
sexto me fuí enderezando. Cursé ICADE, mi vida iba encaminada
hacia la empresa, terminé, estuve trabajando, me llamaron para
hacer las prácticas de la mili y allí un compañero
empezó a decirme que hiciésemos judicatura y el último
día de la convocatoria mi novia fue la que firmó las oposiciones.
Pero yo nunca había pensado ser juez.
"Implicación
profesional"
Pero
su padre es juez
Pero pidió la excedencia para dedicarse a la abogacía, quizás
por eso yo no tenía nunca pensado lo de ser juez... las casualidades
de la vida. Y ahora no lo cambio por nada, pero yo no entré en
la carrera por vocación ni nada de esto.
Usted
cree que a los jóvenes de hoy les falta un padre que les marque
como en su día hizo su padre con usted.
Yo creo que hemos pasado una época que es normal dentro de la evolución
histórica de una sociedad, de un estado dictatorial a un estado
democrático y de derecho. Antes la paternidad era mucho más
fácil que ahora, nosotros no podíamos prácticamente
rechistar a nuestros padres, con la transición parece que a mi
generación se nos come el coco en el sentido de que tenemos que
dialogar con nuestros hijos, tenemos que ser amigos de nuestros hijos
y tal... y como no tenemos término medio pues hemos pasado a ser
colegas de nuestros hijos y se nos ha olvidado un poco lo mas importante
que es ser padres. Quizás estemos sufriendo las consecuencias de
esto, hemos pasado de un extremo a otro y ahora nos empezamos a dar cuenta
que hay que volver al término medio, ni antes era lo bueno ni el
coleguismo es lo bueno. Yo creo que el padre tiene que ser padre y los
hijos tienen que ser hijos, hay que buscar un término medio entre
las dos posturas.
Y
eso se lo marca usted a sus hijos. Porque tiene dos hijos adolescentes.
Tengo un hijo en edad de riesgo social como digo yo. Tiene diecisiete
camino de dieciocho años. Pues hombre, negocio, pero también
le marco pautas, tiene sus derechos pero también se le exigen sus
obligaciones. Es una negociación constante, un tira y afloja, una
de cal y otra de arena, pero manteniendo siempre un poco la autoridad.
Por
los medios de comunicación se han ido conociendo sus sentencias
sobre menores. ¿Estas historias siempre acaban bien?.
No, no siempre. Esas sentencias que se han conocido a través de
los medios de comunicación, porque seleccionamos muy bien a los
individuos. Tengo historias francamente bonitas. Pero por desgracia muchas
veces llegamos tarde, o muchas veces sencillamente el chaval decide continuar
una vida delictiva. Por desgracia tengo también muchos amigos en
prisión. Hemos fracasado o no hemos dado con la tecla. Pero también
es verdad que mucha gente sale para delante. Lo que pasa es que en este
tipo de medidas que trascienden a los medios se selecciona mucho al individuo,
se estudia y se trabaja mucho con él y si, van ofreciendo muy buenos
resultados.
El
pasado doce de septiembre felicitaría por tanto a uno de sus "pupilos",
aquel a quien condenó a aprender a leer y escribir tras robarle
el bolso a una turista, era su cumpleaños.
Pos supuesto. Tenemos una relación muy directa. En la actualidad
tengo unos doscientos chavales en medidas de medio abierto, mantengo una
relación con ellos de una vez al mes prácticamente. Los
tengo que ver y les sigo. Además cualquier problema que surge en
la ejecución de la medida, o a veces incluso para animarles, o
hacerles un refuerzo, pues mantengo mucho contacto con ellos. Existe una
relación que va un poco más allá a la establecida
por un juez.
Y
eso, ¿no le supone un coste personal?.
Me implico profesionalmente no personalmente. Hay mucha satisfacción
profesional y también personal cuando se obtienen muy buenos resultados.
Ellos mismos te lo agradecen, esa es la mayor satisfacción que
te puede dar la profesión. Por eso digo que la justicia de menores
es más agradecida que la de mayores porque ves resultados.

Para
Emilio Calatayud, la justicia con sentido común es no
perder el norte de lo que se pretende con una justicia penal,
"hay que castigar pero no por el mero hecho de castigar".
Foto: JUAN
CARLOS GONZÁLEZ
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"Sociedad
más dura que la Ley"
Usted
es un firme defensor de la Ley del Menor. ¿Por qué cree
que ha recibido tantas críticas?
Creo que se ha dado una mala información sobre esta Ley. Entiendo
que existen algunas deficiencias de carácter técnico que
se podrían pulir y que hay que modificar, pero en general, y sobre
todo en la parte penal, soy defensor de esta Ley. A lo mejor, lo que hay
que cuestionarse es si la Ley va por delante de la sociedad. Muchas veces
la sociedad es más vengativa que la propia ley, la Ley del Menor
tiene una filosofía reinsertadora, sancionadora pero educativa,
mientras que la sociedad parece que le cuesta trabajo entenderlo. Se piensa
mucho en que al delincuente hay que encerrarlo, incluso ahora mismo hay
una corriente de endurecimiento de las penas. La sociedad es mucho más
dura que la Ley.
¿Aplicaría
diferentes penas a menores acusados de vandalismo que a menores acusados
de kale borroka o terrorismo callejero?.
Yo aplicaría muchas medidas de trabajo en beneficio de la comunidad
para estos menores. El problema de la kale borroka lo veo como un problema
educacional, pero educacional desde parvulitos, no ahora. Es cuestión
de modelo educativo. Y a lo mejor antes de modificar a los chavales habría
que modificar a los profesores. Entiendo que se ha producido un caldo
de cultivo durante años en los colegios del cual se están
empezando a recoger los frutos. Es un problema de todo el entorno de allí,
comenzando por las escuelas primarias. A los chavales que practican la
kale borroka no creo que la Ley del Menor les solucione el problema.
Y
sobre el botellón, ¿cuál es su opinión?.
Pienso que ha llegado el momento de definir lo que es el alcohol. El alcohol
es una droga, el problema es que tenemos una sociedad muy hipócrita.
Como somos los terceros en producción de alcohol, estamos acostumbrados
a tener las reuniones en torno al alcohol, pues creo que no vamos a llegar
al convencimiento de que estamos ante una droga. Pero si podríamos
llegar al acuerdo de que estamos ante una sustancia peligrosa para los
menores. Si llegásemos a este acuerdo, yo creo que en base a la
Ley de Protección del Menor que nos obliga a todos a no poner en
riesgo a nuestros menores, no veo nada disparatado el no permitir que
nuestros menores jueguen con una sustancia peligrosa en la vía
pública.
En
muchas ocasiones se ha hecho portavoz de la "justicia con sentido
común".
La justicia con sentido común es no perder el norte de lo que se
pretende con una justicia penal, hay que castigar pero no por el mero
hecho de castigar, castigar para que se tome conciencia de lo que se ha
cometido y solucionar el problema de porqué se ha cometido. Hay
que aplicar, dentro de los principios de legalidad, la individualización
del castigo. No solamente hay que tener en cuenta la gravedad del delito
cometido, sino fundamentalmente las circunstancias personales, familiares
y sociales que tiene el menor que ha cometido ese delito. No podemos olvidar
el norte que es trabajar e intentar la reinserción, pero es que
a veces no podemos reinsertar, sino que tenemos que insertar porque nunca
ha estado insertado. Hay que educar y no reeducar. Eso es lo que se pretende.
Dentro del sentido común, no perdernos en la letra de la Ley sino
ir al espíritu y aplicarla como se dice vulgarmente con "sentido
común".
"Saber
que han cometido un delito"
A
lo largo de toda su carrera profesional, ¿no se ha cruzado con
casos en los que quiénes merecían el castigo eran los padres?.
Si muchas veces. De hecho, hubo una época en 1995, antes de la
modificación del Código Penal, que acusamos a varios padres
porque fomentaban que sus hijos no fueran a la escuela y terminaron con
sentencia condenatoria de arresto.
Otra
de sus frases: "Soy un juez duro, pero tengo la suerte de que hasta
los que condeno se van contentos".
La verdad es que creo que la función fundamental del Juzgado de
Menores es que tomen conciencia de que han hecho mal, han cometido un
delito. La mayoría de los asuntos acaban con conformidad, los menores
reconocen los hechos y se conforman con la medida. Pero precisamente porque
se intenta buscar una medida adecuada a sus circunstancias. A veces se
van sabiendo que han cometido un delito y lo tienen que pagar. Lo que
pasa es que hay muchas formas de pagar, pero lo primero es tener conciencia
de que han cometido un delito y que hay que responder y son ellos los
que tienen que responder, porque ellos son los que los han cometido y
si tienen la libertad de cometer delitos o la circunstancia de cometerlos,
tendremos que modificar esa circunstancia por la que le obligan a cometer
el delito pero también tiene que responder por lo que ha cometido,
porque si pretendemos educar, hay que educar en responsabilidad y hay
que exigir una contraprestación por lo que ha hecho.
A
usted no le molestará que le copien sus colegas.
No porque además no me copian. Ya hay muchos jueces que se dedican
a esto, llevamos ya muchos años. Lo que pasa es que por una serie
de circunstancias, como es el hecho de ser Decano de jueces en Granada,
se tiene más acceso a los medios de comunicación, pero no
es que me copien, se están haciendo muchas sentencias de este tipo
en toda España. Lo que pasa es que se ha identificado "menores"
conmigo pero hay muchos compañeros que llevan trabajando en esta
línea. Lo importante no es el juez, hombre es importante, pero
somos un equipo, la fiscalía, los equipos técnicos, los
equipos de medio abierto, es decir, somos muchos profesionales que tenemos
que estar en la misma línea. Yo el único éxito que
puedo decir que tenemos es que nos gusta lo que hacemos y creemos en esta
Ley, tengo la suerte de que la Fiscalía se cree esta Ley, el equipo
de servicios técnicos se cree esta Ley y también los equipos
de medio abierto. Es muy difícil aplicar una Ley que no te la creas,
esa es la cuestión.
Ana
Isabel Jiménez
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