PUBLIO LOPEZ MONDEJAR, HISTORIADOR DE LA FOTOGRAFIA:
“LA FOTOGRAFIA ES EL ACTA FUNDACIONAL DE ESTA REGION”


Publio López Mondéjar , natural de Casasimarro en la provincia de Cuenca, es el más notable historiador de la fotografía que existe hoy en España.
Foto:AURE HORMAECHEA

Tiene nombre de jurisconsulto romano, y como aquellos remotos sabios dedica tiempo y energías a ordenar y conservar incunables sociales. Publio López Mondéjar (Casasimarro, 1946) es el más notable historiador de la fotografía que existe hoy en España. A este conquense vitalista, oculto/culto periodista de profesión, se debe buena parte de la recuperación de la memoria gráfica de nuestro país a través de la obra de sus principales fotógrafos. Y muy especialmente la de su territorio vernáculo de Castilla- La Mancha profunda. Una tarea callada, terca, sensible, realizada casi siempre de espaldas al boato oficial porque, como sus revisitados maestros, López Mondéjar es de los que piensa que la fotografía puede ser una herramienta que ayude a que “el mundo sea menos horrendo”

CLM- ¿En qué nuevos proyectos anda metido en estos momentos?
PLM- Lo último que he hecho ha sido revisitar de alguna manera el pasado. Yo empecé a recopilar fotografías en 1978, publiqué un primer libro dedicado a Luis Escobar en 1980, y poco tiempo después saqué otro sobre Alfonso, que son dos de mis fotógrafos predilectos. Entonces, en los últimos años, he vuelto a reeditarlos porque pensaba que tenían vigencia. Ha sido una forma de reparar una deuda que había contraído, porque de alguna forma a ellos debo el que pueda mantenerme trabajando en lo que me gusta. Por eso he publicado otra vez el libro de Luis Escobar, “Fotógrafo de un pueblo”, y enseguida el de Alfonso, acompañado de una exposición que está dando la vuelta por todo el mundo. Son trabajos de los que me siento especialmente satisfecho, porque a nivel sentimental suponen mucho para mi. Y ya más recientemente he incurrido en otra visita al pasado, que es reeditar de una manera exhaustiva la historia de la fotografía española, una tetratología que se llama “Las fuentes de la memoria”. Tengo ya terminados tres volúmenes y espero meterle mano al cuarto en los próximos meses.

-¿Cree que la fotografía es más que ningún otro género informativo esa huella dactilar que sirve para recuperar la memoria colectiva?
-Yo creo que realmente la fotografía es un lenguaje a la altura de cualquier otro, como la literatura, la música o incluso el cine, y que frente a estos otros lenguajes, la fotografía es el más adecuado para la rememoración. Para el ejercicio absolutamente necesario de revisitar el pasado, devolver lo que fuimos. La fotografía es la disciplina que da testimonio con más verdad de lo que fuimos, de lo que fue nuestra tierra, nuestros padres, nuestros abuelos, de lo que en realidad somos nosotros. Yo pienso que eso lo hace con más eficacia. Es el lenguaje de la memoria. Es fundamentalmente memoria. Lo cual no quiere decir que la fotografía no tenga otros componentes, como ocurre con otras materias, que pueden llevarla a ese terreno de lo que es el arte. Yo, la fotografía si es arte o no, como decía Cesar Vallejo con Dios, no me interesa si existe o no. Siento lo que veo, lo que experimento cuando veo una fotografía, que me habla de mí, de lo que fui.

-¿De qué habla la memoria fotográfica de las tierras castellano-manchegas donde usted nació?
-En una comunidad como la nuestra, que no tiene ni senyeras, ni himnos especiales, ni banderas, ni una lengua específica, la fotografía es lo que marca el territorio de lo que hemos sido. Porque es más fiel. La fotografía difícilmente engaña. La fotografía puede mentir, y la fotografía ha mentido. Cuando un fotógrafo quiere mentir, miente, como mienten los obispos, y los escritores, y los periodistas. La fotografía a menudo ha servido de propaganda. En la guerra civil española fue fundamentalmente eso en los dos bandos, y la prueba de que la fotografía es una arma peligrosa es que los poderes matan a los fotógrafos. Como se ha visto en la guerra de Irak. Porque les da miedo la imagen. Porque es verdad lo que dice. Por eso digo que la fotografía difícilmente miente. Miente menos que otros lenguajes. Y realmente, cuando se acerca, cuando asoma un vislumbre de verdad, es mucho más emocionante que otros lenguajes. Cuando vemos una fotografía sabemos que eso ocurrió. Por eso hay fotografías que no son muy buenas técnicamente, que no van a pasar a la historia del arte, ni van a definir un lenguaje, pero que conmueven porque transmiten verdad. Eso hace que retratos malísimos de hace un siglo, de algún personaje callejero, de algún hecho histórico, nos sacudan a pesar de que no sean especialmente relevantes en lo artístico. Porque el tiempo eleva la fotografía a nivel de arte, como ocurre con el vino.


López Mondéjar comenzó su trabajo de investigador en el año 1978 y publicó su primer libro de fotografías en el año 1980.
Foto:AURE HORMAECHEA

HISTORIA DE UN EXPOLIO

-¿A que se debe que en España, prácticamente hasta su generación, sólo hubiera fotógrafos pero apenas investigación sobre la fotografía?
-No es que hubiera habido poca investigación, es que no había nada. La historia de la recuperación de la fotografía en España es la historia de un expolio. Si nos ceñimos al territorio de Castilla- La Mancha, yo que llevo veinte años buscando en los archivos he encontrado sólo algún fleco del archivo de Luis Escobar, algún fleco de Rodríguez, algo de Alguacil, y poco del de Muñoz. Hay gente, como Juan José Muñoz, instalado en Ciudad Real en 1862, que ha tenido hijos, nietos, bisnietos y tataranietos fotógrafos, sin que su obra haya sido mínimamente conservada. No se ha hecho nada. Archivos que casualmente acabaron en manos públicas siguen en los sótanos de ministerios. Y sin embargo hay otros países que han cuidado sus fondos, como Francia, Estados Unidos, Inglaterra. Dicho esto, hay que afirmar también que nosotros, frente a otras naciones, tenemos por lo menos el vigor, o la valentía, la fuerza, de habernos puestos al día en poco más de veinte años. En estos momentos, curiosamente, España es el país que tiene más libros de fotografía antigua por metro cuadrado. Y ahora mismo, en Castilla-La Mancha, las autoridades empiezan a entender que esos archivos tienen un valor. Lamentablemente hay fondos, como los de Cañas en Tomelloso, o Rubio, de Ciudad Real, que por muy buena voluntad que ponga la universidad de esta comunidad ya no se van a poder comprar porque están destruidos. Porque España, que ha estado siempre gobernada por las clases conservadoras, yo no sé exactamente lo que ha conservado.

-¿Esa desidia es porque históricamente el Poder ha visto en la fotografía un testigo incómodo?
-Yo creo que no veían nada. La ignorancia de la derecha española es enciclopédica. No hay más que ver a sus líderes actuales para darse cuenta de que no es un problema de que tuvieran miedo a la fotografía, sino pura ignorancia. Una ignorancia oceánica. No se daba ninguna importancia a la fotografía y en consecuencia los familiares de los fotógrafos y sus descendientes, igual que cuando heredaban una finca sabían que era dinero, cuando recibían un legado en placas creían que lo que heredaban eran unos bultos bastante molestos, que no les cabían en la casa. Ahora, incluso el más ignorante de una familia de fotógrafos, ya sabe que por eso le pueden dar dinero y no lo destruyen.

-¿Es tan estimable la calidad de la fotografía española como su cantidad?
-En España han trabajado fotógrafos excelentes. Nuestro país, que es colonizado por los fotógrafos franceses e ingleses en el siglo XIX, pronto empieza a producir pintores que se pasan a la fotografía, porque es más fácil ganarse la vida así que con el caballete. Yo creo que los fotógrafos españoles tienen bastante talento y son equiparables en calidad, en interés y en intuición a los que pasan por ser los mejores en los manuales de historia de la fotografía, que hay que decir que hasta ahora están escritos en inglés y francés. Lo que sí es cierto es que los fotógrafos españoles no han abierto caminos. Los reporteros españoles, como Escobar o Alfonso, que para mí son geniales, cuando trabajaban lo hacían con un lenguaje ya superado en Europa. Ni uno ni otro conocían las corrientes estéticas de la fotografía de Estados Unidos. Pero tenían una intuición, un talento, una capacidad para entenderse con la gente, para encontrar lo relevante, para enfrentarse al rostro de las personas, como yo no he visto en otros fotógrafos. A pesar de la ignorancia. A pesar de que estos señores y los españoles en general vivían en un país gobernado por una clases que no permitían el acceso a la cultura de los estratos populares. Alfonso aprendió el oficio a los doce años porque tenía que llevar dinero a su casa para que la familia comiera. Un milagro que en esta tierra se produce mucho. Por ejemplo, en el campo de la literatura. Con Félix Grande, que era pastor. O el caso de Eladio Cabañero, también de Tomelloso, que era albañil.


Este historiador defiende que en nuestro país ha habido y hay fotógrafos excelentes.
Foto:AURE HORMAECHEA

EL IMPULSO DE LA PRENSA GRÁFICA

-¿Hasta qué punto fue decisiva en la historia de la fotografía la existencia de la prensa?
-La existencia de la prensa es fundamental en el desarrollo de la fotografía española. Cuando aparecen los primeros semanarios gráficos, que son “Blanco y Negro”, “Nuevo Mundo”, “La España Moderna”, ya tenemos fotógrafos como Juan José Muñoz, que es un cámara de Ciudad Real que trabaja para “La Ilustración Española y Americana”, un magazine que no tenía todavía fotomecánica, y por tanto no podía publicar fotografías, pero si disponía de grabadores que realizaban su tarea a partir del referente fotográfico. Juan José Muñoz, Luis Escobar, los Rodríguez, Alguacil, todos los grandes fotógrafos son artistas que tienen que salir del estudio porque necesitan completar el sueldo. El propio Escobar se va por toda la Mancha como ambulante y aprovecha sus viajes para hacer noticias. Y lo mismo hacia Pablo Rodríguez, Casiano Alguacil, Juan José Muñoz, Cañas o los hermanos Soler, de Sisante, Cuenca. Salir a la calle les hizo afilar la intuición y les hizo aprender una nueva modalidad, el reportaje, y eso es lo más verdadero de este trabajo. Sobre todo en un momento como el actual en que los puristas de la fotografía desprecian al documentalista, al que busca entre la gente el temblor de una experiencia, una emoción. Hoy no se podría conocer el trabajo de los fotógrafos españoles sin acudir a la prensa. Y ahora mismo también ocurre igual. Gran parte de los mejores fotógrafos españoles, como Gervasio Sánchez, Cristina García Rodero, Castro Prieto, son profesionales que se van por el mundo a hacer su trabajo y buscar sus propias vías de exhibición.

-Habla de casos particulares, ¿pero que pasa con la fotografía que se produce en la prensa actual?
-En la España contemporánea sólo se da un momento importante en la prensa gráfica, que es cuando aparece “Gaceta Ilustrada”, “La Actualidad Española”, aquellas revistas que de alguna manera eran equivalentes a París-Mach o Life, en los años cincuenta o sesenta. Hoy, sin embargo, la prensa española se ha empobrecido tanto que el fotógrafo se ha convertido en un funcionario. El fotógrafo español tuvo un momento importante en su trabajo creativo en la transición, porque fue entonces cuando reapareció ese tipo de profesional que reflejaba lo que pasaba en la calle. Esos fotógrafos entroncan con los de la Segunda República. Hay tres grandes momentos en la historia de la fotografía en España: el de la expansión de la prensa gráfica, que son los años diez; el de la guerra civil, en que los fotógrafos se tienen que improvisar en reporteros, y luego el de la transición y las revistas gráficas. A partir de ahí el fotógrafo se ha convertido en un funcionario. Y el que quiere salirse de la rutina se tiene que armar de valor y de esfuerzo e ir por libre. Estos profesionales son gentes que se dejan la vida, su estabilidad, su salud, su dinero, en hacer una fotografía que luego, cuando la ve la prensa convencional, los funcionarios, que lamentablemente es la mayoría de la clase periodística española, se publica a escondidas. A menudo estos mismos reporteros son los que tienen que buscar medios alternativos de edición de su obra porque sino los monopolios se la manipulan.

-¿No será que cada vez más la historia gráfica es menos memoria de la calle y más memoria de la corte, de la gente importante?
-Así es. Pero porque la prensa está viviendo uno de sus peores momentos. El periodismo actual es el periodismo más servil, más al servicio del poder, ya sea en la prensa, en la radio o en la televisión donde se haga. Tenemos ahora un gobierno que controla el noventa por ciento de los medios de comunicación. En este contexto, ¿qué posibilidades tiene el periodista, el fotógrafo, de hacer un trabajo que no sea el de los actos oficiales o su entorno?. A mí me consta que incluso en algunos periódicos se maquilla la imagen de los líderes políticos. Como periodista, en estos momentos históricos me siento absolutamente abochornado.

-Sin embargo, parece que vivimos un auge en el campo de los corresponsales de guerra.
-Sin duda hay un fenómeno importante que yo como historiador no puedo ignorar. El mejor trabajo fotográfico que se produce en estos momentos se hace por nuestros profesionales fuera de España. Cristina García Rodero, que retrató en su día la España virtual, la que se desvanecía al final de la transición, está haciendo ahora su obra más relevante fuera de aquí, en Haití, en Kosovo. Castro Prieto otro tanto. Gervasio Sánchez, que es un romántico todavía, trata de testimoniar los efectos de la guerra. O sea, hay un pequeño grupo, heredero de aquellos primeros reporteros, que llena su trabajo de un aliento ético. Pero no todos los corresponsales son iguales ni están movidos fundamentalmente por motivos altruistas. A otros muchos les mueve la locura, la ambición, la fama, muchas cosas. En definitiva, yo opino que cuando se haga la historia de la fotografía de este tiempo no recogerá lo que hacen los profesionales que se ganan la vida en los estudios, en la moda o en los medios, sino la obra de todos aquellos que testimonian la realidad por su cuenta, porque tienen interés en que este mundo no sea tan horrendo. Gente que trabaja para sus propios proyectos, muchas veces al margen de las empresas que les da de comer. Ahora no hay ninguna institución que mande a los fotógrafos a documentar las pateras, o el trabajo en los campos de inmigrantes de El Ejido. Lo que hoy se lleva normalmente son proyectos para vender los logros de los políticos o la España que va bien.

LA SOLEDAD DEL INVESTIGADOR

-Pasemos al terreno académico. ¿Cuál es la situación del apoyo oficial a la investigación de la fotografía?
-El investigador de la fotografía sigue igual de solo que hace veinte años. Lo que ocurre es que ahora hay más editores, más exposiciones, más interés por la fotografía, más salas de arte que creen que la fotografía puede ser un negocio, más apoyo por parte de alguna universidad, de ayuntamientos, aunque casi siempre con un sentido de rentabilidad política. Pero la investigación en serio, el trabajo a largo plazo, está por llegar. No se han puesto las bases para hacerlo. Faltan centros que se preocupen por la conservación en salas adecuadas y en archivos dotados. El trabajo que no vaya a ser para mañana, que sea para el futuro, la universidad o el gobierno que anime la creación para obtener resultados sólidos dentro de veinte años, no para una semana antes de las elecciones, es todavía una asignatura pendiente. No obstante, hay excepciones, no quiero ser totalmente negativo. Para mí fue una gran satisfacción ver el trabajo realizado por la universidad de Castilla La Mancha en la exposición sobre Luis Escobar. Dicho todo esto, yo no creo que a los historiadores de la fotografía, ni a los creadores de ningún tipo, les beneficie la cercanía del poder. Pienso que esa proximidad es castrante, es mala, hay que huir de ella.

-Se ha referido a la situación del legado fotográfico en Castilla- La Mancha en el plano universitario, pero ¿ existe también voluntad política en la esfera institucional?
-En este sentido también en nuestra comunidad está casi bajo mínimos. Sobre todo existe un problema de atomización muy perjudicial en cuanto a la conservación de nuestro legado. Nosotros tenemos un fotógrafo que se llama Alguacil, importantísimo, del que queda una centésima parte de su trabajo, pero sin control. Si existen cien negativos en Toledo, están en el Ayuntamiento, y los otros cien que hizo fuera de España están en la Diputación. Cada cual por un lado. Y por el efecto perverso del localismo, en estos momentos es impensable que los políticos se pongan de acuerdo en que esos negativos tienen que estar en un sitio, con una temperatura adecuada y correctamente digitalizados. En la misma ciudad está también el archivo de Escobar y el de Rodríguez, pero en distinta institución. Yo creo que nuestras autoridades culturales deberían tener la voluntad política suficiente para centralizar en un punto de nuestra geografía todos los negativos del legado fotográfico común al cuidado de especialistas. La fotografía es el acta fundacional de esta región.

-Para finalizar, usted ha escrito junto a Vargas Llosa un prólogo para una antología sobre el fotógrafo peruano Martín Chambi, ¿qué responsabilidad tienen los intelectuales españoles por su distanciamiento del hecho fotográfico?
-Ha puesto el dedo en la llaga. En estos momentos yo conozco ningún intelectual español que tenga libros dedicados a la fotografía. En el extranjero, sin embargo, se da todo lo contrario. Ahí están las obras de intelectuales de todos los matices como Susan Sontag, Walter Benjamin, incluso Roland Barthes. Y este desapego nacional es una carencia. Cuando la fotografía es asumida por escritores como Vargas Llosa, se logra otra dimensión. La clase intelectual española se ha instalado en una especie de desprecio por todo lo que no conoce. Y no vale la excusa de la técnica. Yo creo que uno de los grandes problemas de la fotografía española es que ha sido practicada por gente que no está cercana a otros campos de la cultura. Quizá la gran excepción de este distanciamiento sea Antonio Muñoz Molina, que es uno de los escritores españoles que se ha acercado al fenómeno fotográfico con más atención y con más humildad. Los textos más luminosos, más certeros sobre fotografía que se han escrito en España han salido de su pluma.

Rafael Cid