Las obras de ampliación del Museo Ruiz de Luna finalizarán en primavera
NUEVO ESPACIO PARA LA HISTORIA DE LA CERÁMICA TALAVERANA


El Museo Ruiz de Luna de Talavera de la Reina albergará una retrospectiva histórica de la cerámica de esta comarca.
Foto:
ANTONIO ROMERO

El Museo Ruiz de Luna de Talavera se verá pronto ampliado, gracias a las obras de rehabilitación que se están llevando a cabo en la iglesia de San Agustín el Viejo, y que se prevé que estén finalizadas en la primavera. Este nuevo espacio albergará, fundamentalmente, la importante azulejería religiosa que forma parte de la colección que realizó el ilustre ceramista Juan Ruiz de Luna.

Esta primavera se espera que estén finalizadas las obras de la iglesia de San Agustín el Viejo y anexo, edificio que viene a ampliar el actual Museo Ruiz de Luna de Talavera de la Reina. Este museo está dedicado a la cerámica que siempre ha dado fama a esta ciudad, y muy especialmente a la del hombre que devolvió el esplendor que tuvo esta artesanía en sus orígenes, Juan Ruiz de Luna.
El museo abrió sus puertas el 14 de febrero de 1996, aunque su inauguración quedó pendiente ya que ese mismo día la banda terrorista Eta, asesinó al magistrado Tomás y Valiente. Desde entonces el interés que despierta tanto en los turistas que visitan la ciudad, como en los propios talaveranos ha ido en aumento. Por su parte la dirección del centro se preocupa en ofrecer otras muestras temporales, que se unen a la permanente y que hacen aun más atractivo a dicho museo; para ello cuentan con la inestimable ayuda de la Asociación de Amigos del Museo Ruiz de Luna, que según señala Cristina Manso, técnica de museo, hacen una gran labor de divulgación.

La función del “Ruiz de Luna” es la de dar a conocer la colección privada que este insigne ceramista recopiló a lo largo de su vida y que abarca desde el siglo XVI hasta el siglo XX, y en ella se pueden ver tanto las piezas que él fue encontrando en su investigación, así como su propia producción.

Las obras están dispuestas en torno a dos patios. En el primero podemos ver las series elaboradas a partir del siglo XVI, con representación de algunos alfares contemporáneos de Ruiz de Luna, son las denominadas “piezas de formas”, es decir, jarras, vinateras, platos, utensilios de uso común en una casa, ya que hay que tener en cuenta que antiguamente la cerámica se concebía para ser usada y formaba parte de la vida cotidiana, por lo que en casi todas las familias alguno de sus miembros se dedicaba a su producción. Era tan habitual, asegura Manso, que las piezas no están ni firmadas, ni fechadas, por lo que es muy difícil datarlas; tarea que han facilitado en alguna medida las piezas de farmacia que encargaban los monasterios, pues cuando un prior llegaba nuevo al convento mandaba hacer una vajilla nueva. Así hay un gran patrimonio de cerámica talaverana en el Monasterio de El Escorial, e incluso en el Palacio Real.


La colección del Museo cuenta con un total de mil quinientas piezas, además de documentación y soportes audiovisuales para adentrarse en el conocimiento de este tipo de cerámica.
Foto: JUAN CARLOS GONZÁLEZ

En el segundo patio del edificio se encuentra una muestra representativa de la obra del gran ceramista, así las dos piezas más importantes del museo son “El retablo de Santiago” y la fachada del alfar Nuestra Señora del Prado. Todo esto lo podemos encontrar en la planta baja, en la que actualmente también se ubica una muestra muy interesante de cerámica mejicana trabajada con la técnica talaverana; se trata de obras elaboradas en Puebla de los Ángeles, donde “está documentada la presencia de alfareros talaveranos desde hace siglos”, asegura Cristina Manso, quien añade que son piezas típicas mejicanas decoradas a su estilo, pero desarrolladas según los patrones talaveranos.

En la primera planta se encuentra la sala de exposiciones temporales, que en estos momentos alberga una muestra de piezas del Museo Arqueológico Nacional.

Además existe una biblioteca, ubicada en la segunda planta, que está dedicada a la cerámica, fundamentalmente, aunque se complementa con arte y arqueología (pues en estos momentos el museo se ha convertido también en centro receptor de material arqueológico), cuyos fondos se van incrementando paulatinamente, y que cada vez cuenta con un mayor número de investigadores, que de todas partes de España, llegan solicitando información.


La azulejería religiosa tendrá un papel muy importante en las nuevas colecciones que estarán a disposición del público.

Foto:
ANTONIO ROMERO

La colección de este museo cuenta con un total de mil quinientas piezas, que en su mayoría se encuentran en los almacenes visitables, muchas de las cuales se podrán contemplar cuando finalice la ampliación del mismo. Entre estas piezas hay algunas de alfares importantes como “La Menora”, “Guijo” o “Emilio Niveiro”. Además hay que señalar que no todo es cerámica talaverana, sino que existe una muestra muy representantiva del buen hacer de Puente del Arzobispo, que cuenta con unos rasgos muy definidos. Así usan los verdes, en contraposición con los azules y amarillos talaveranos, e interpretan fundamentalmente motivos de la naturaleza, “son más ingenuos pero con un estilo propio”.

A través de la colaboración económica de Caja Castilla-La Mancha y el organismo de promoción IPETA, este museo cuenta con una exposición itinerante en la que se pueden admirar ochenta piezas del museo, así como obras representativas de diecisiete alfares talaveranos que trabajan en la actualidad. De esta manera se puede observar la evolución que ha sufrido la cerámica con el paso del tiempo, desde los usos más cotidianos hasta las creaciones más modernas.

Ampliación

La necesidad de ampliación del museo se vio desde el principio, dada la enorme cantidad de material existente. Por ello en el nuevo edificio está previsto que se expongan, principalmente, obras de azulejería religiosa, ya que suponen uno de los legados más importantes y de mayor valor de la colección de Ruiz de Luna. También se ha conocido recientemente, que se dará cabida al “peinador de Velada”, una habitación completa que se encontraba en un palacio de esta población, la cual se desmontó en su momento, sin embargo, no pudo instalarse en el museo por falta de espacio; al llevar a cabo la ampliación se tiene previsto su montaje.


Foto:
JUAN CARLOS GONZÁLEZ

La obra de rehabilitación de la iglesia de San Agustín está siendo dirigida por el arquitecto Pedro Ponce de León, y financiada por la Fundación Caja Madrid en su mayoría, junto con el Ayuntamiento. Estas obras quieren mantener y respetar en lo posible, las técnicas y materiales originales utilizados por Fray Lorenzo de San Nicolás, arquitecto del edificio en cuestión. Para ello el complejo mantendrá algunos elementos constructivos, entre ellos una vieja chimenea ubicada en la vivienda anexa a la iglesia, así como diversas estructuras de madera. Ponce de León quiere llevar a cabo de la forma más fidedigna posible la reconstrucción de bóvedas, arcos, revestimientos y pintura mural, claro que añadiendo técnicas novedosas como es la impermeabilización de la cubierta.

Los elementos de mayor riqueza arquitectónica con los que se han encontrado son las dos cúpulas. También hay una alegoría de la música en el ábside central, que evidencia los retoques dados al edificio durante la época en la que se dedicó a liceo. La recuperación del cuerpo octogonal, situado en una de las entradas de la iglesia y que anteriormente cumplía la función de capilla, ha sido otro de los puntos fuertes del proyecto.

El nuevo edificio dispondrá de 800 metros cuadrados, de ellos, 600 corresponden a la iglesia y 200 a la vivienda anexa, los cuales se dividirán en dos plantas y dos patios, en los que por supuesto, se ha tenido en cuenta la eliminación de barreras arquitectónicas y por consiguiente la facilitación del acceso a todas aquellas personas que deseen visitar el museo, sin excepción.

Una vez finalizadas las obras de rehabilitación, que se prevé sea en primavera, se deberá adjudicar el proyecto museográfico. En dicho proyecto se deberá estudiar qué obras son las que se colocarán en el nuevo espacio para que puedan ser contempladas por el público, y cual es la mejor distribución para mostrarlas. Pero todo esto todavía no tiene fecha.


El Museo Ruiz de Luna exhibe en su espacio la colección privada que realizó este importante ceramista y su escuela desde el siglo XVI.
Foto:
JUAN CARLOS GONZÁLEZ

Ruiz de Luna

El hombre que hizo posible que Talavera de la Reina siguiera siendo un centro importante en el mundo de la cerámica, Juan Ruiz de Luna, nació en Noez (Toledo) el 12 de julio de 1863. En su pueblo trabajó en una fábrica de hacer castañuelas que contaban también con una gran fama en todo el territorio nacional. Posteriormente junto a su hermano Jerónimo se empleó como decorador, actividad que fortuitamente le llevó a Talavera. Pues la decoración de una farmacia en Belvís de la Jara supuso tanto éxito, que debido al gran número de encargos obtenidos, hicieron que Juan Ruiz de Luna se trasladara a vivir a la ciudad toledana, donde no solo se dedicaba a decorar, sino que además era pintor y fotógrafo.

Es en este tiempo cuando se da cuenta de la importancia que la cerámica tuvo en esta ciudad, y empieza a estudiarla y a recopilar piezas. Finalmente en 1908 realiza su primera hornada de cerámica y nace “Ruiz de Luna e Guijo y Cía”.

Ruiz de Luna se queda impresionado del patrimonio cerámico existente, que en ese momento estaba en decadencia y propone a sus socios devolver el esplendor perdido a esta artesanía, que le acompañan en esta tarea pues ya contaba con muy buena fama como decorador y como poseedor de un gran criterio artístico.

En el alfar de Nuestra Señora del Prado se encarga incluso de formar a sus obreros, y rescatando técnicas antiguas, reinterpreta la cerámica talaverana y la supera, pues le da una calidad tanto en dibujos (trazos más finos) como en colores, que no habían tenido hasta ese momento.


El Museo abrió sus puertas en 1996 y ahora está experimentando una profunda ampliación para exhibir un mayor número de piezas artesanales.
Foto:
JUAN CARLOS GONZÁLEZ

Y comienzan los reconocimientos a su labor. En 1911 recibe el gran premio y Medalla de oro de la Exposición General de Artes Aplicadas y Decorativas, con un retablo de estilo Renacimiento de más de siete metros de altura que es motivo de comentarios en toda España y gran parte de América. En 1923 entra a formar parte de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Dos años más tarde, Alfonso XIII lo nombra Caballero de la Orden Civil de Alfonso VII.

Entre 1927 y 1930 su trabajo alcanza el máximo esplendor. De este periodo es la gran Fuente del Rosario que se encuentra en Santa Fe (Argentina); la decoración de la Academia de Artillería de Segovia; parte de la decoración del ferrocarril metropolitano de Buenos Aires . Asimismo obtiene la medalla de oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, y la de la Exposición Internacional de Filadelfia.

En 1943 aparece la publicación de la “Gran Historia de la Cerámica de Talavera” editada por la Editora Nacional. Esta obra comenzada por el padre Diodoro Vaca Seguido y finalizada por Ruiz de Luna ha sido y es objeto de estudio para investigadores del mundo entero.

Consiguió la Cruz de Alfonso X y la Medalla al Trabajo en 1944. Murió en Talavera el 25 de septiembre de 1945. Sin embargo su espíritu sigue vivo, y en la actualidad numerosos jóvenes mantienen la tradición alfarera de esta ciudad, ofreciendo calidad, diversidad y modernidad en sus diseños, que se han ido adaptando a las necesidades de los tiempos.

Montse Moreno