| José
de Lucas Ruiz es autor del libro “Quijote en los despachos”
“TUVE MIS DUDAS AL “TRASCRIBIR” EL QUIJOTE
AL MUNDO DE LOS NEGOCIOS, NO SABÍA SI HABÍA ALGO DE PROFANACIÓN”

José
de Lucas Ruiz ha aplicado los estereotipos de Don Quijote y
Sancho al mundo de la macroeconomía y el éxito
social en el libro “Quijote en los despachos”
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Desde
luego a muchos nos resultaría difícil imaginar a don Quijote
de la Mancha y a Sancho Panza detrás de un ordenador gobernando
los destinos de una gran empresa. José de Lucas Ruiz, nos propone
este ejercicio de imaginación, y traslada a estos dos personajes
universales a nuestros días donde el teléfono móvil,
el ordenador o el fax son nuestras “armas de caballero andante”
Dirigir una empresa... ¿acaso no eran empresas las que guiaban
a Quijote y Sancho por esas tierras de La Mancha?. Atrévanse.
José
de Lucas Ruiz lleva toda su vida trabajando para grandes empresas. Este
segoviano afincado en Madrid “ha osado” que dirían
los antiguos trasladar a don Quijote de la Mancha y a Sancho Panza a los
despachos de las grandes empresas multinacionales. Entre e-mails, ordenadores,
asesores de marketing, merchandaising, nuevas técnicas de comunicación,
algún que otro catering y canapés siempre escasos, Don Quijote
y Sancho van aplicando sus enseñanzas cervantinas a los nuevos
“caballeros andantes” de la macroeconomía, el dinero
fácil y el éxito social. El resultado de tamaña osadía
es el libro “Quijote en los despachos” que les presentamos
en las siguientes líneas. No pierdan detalle porque seguro algún
buen consejo sacan para su día a día, la fuente, como siempre,
Miguel de Cervantes.
En
su libro traslada a don Quijote y a Sancho hasta nuestros días,
y los convierte nada más y nada menos que en consultores de empresas.
Sin duda, el punto de arranque es más que novedoso, ¿Cómo
llegó hasta aquí? ¿Cuál era su intención
al darles esta “profesión”?
Leyendo El Quijote, fui encontrando un montón de aplicaciones,
de lo que pasa en la novela, a la vida que yo estaba viviendo como ejecutivo
de una gran empresa. De una parte, los consejos de don Quijote a Sancho
para llevar adecuadamente el gobierno de la ínsula, resultan de
una aplicación inmediata para cualquiera que tenga que gobernar
un negocio. Luego hay un paralelismo entre “los andantes caballeros
que entramos en los más intrincados laberintos”, con las
estrategias y los modos de ir por la vida de muchos empresarios. Y en
lo más concreto, quizá lo que me empujó definitivamente
a la tarea, fue la aventura de Maese Pedro con su mono adivino, donde
encuentro que Cervantes se adelanta cuatrocientos años a las técnicas
más depuradas del marketing, o sea, a vender al ciudadano incauto
algo que no necesita. En el mundo de las empresas, esta acción
de Maese Pedro la vienen realizando algunos “consultores”
poco nobles; pensé que, como don Quijote y Sancho tenían
mucho que decir a los empresarios actuales, bien podían hacerlo
bajo la forma de consultores honrados, que son casi todos.
A
través de los correos electrónicos que se intercambian don
Quijote y Sancho se da forma a una serie de consejos y actitudes ante
la vida profesional en la que de nuevo se ven reflejadas las personalidades
de nuestros protagonistas, y eso que estamos en el siglo XXI. ¿Realmente
no hay una evolución en el pensamiento de don Quijote y Sancho
ante “este nuevo mundo”? ¿Es quizá una muestra
más de su universalidad y su inalterabilidad al paso del tiempo?
La misma palabra lo dice; una obra es “universal” cuando puede
aplicarse a cualquier tiempo y a cualquier circunstancia. Y El Quijote
es, sin duda, universal. Tuve mis dudas al “trascribirlo”
al mundo de los negocios, porque no sabía si había algo
de profanación en mi intento. Cervantes deja a don Quijote “muerto
y sepultado, porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios”.
Pero en cambio el propio don Quijote afirmó más generosamente:
“Retráteme el que quisiere, pero no me maltrate”. Así
que consideré que tenía la mejor licencia. En cuanto a su
actualidad, ocurre que en la presentación suntuosa de una nueva
empresa, en los ascensos, en el trato con los subordinados, en los libros
de gestión..., estamos hablando siempre de obras de los hombres,
y aunque la técnica ha cambiado muchas cosas, los hombres y las
mujeres estamos hechos exactamente del mismo barro, y nuestras ambiciones
y sentimientos siguen siendo los mismos que hace cuatro siglos.

“Leyendo
El Quijote, fui encontrando un montón de aplicaciones,
de lo que pasa en la novela, a la vida que yo estaba viviendo
como ejecutivo de una gran empresa”
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A
lo largo de la lectura del libro, don Quijote y Sancho se intercambian
consejos manteniendo el lenguaje propio de la obra de Cervantes, eso sí
intercalando términos propios de nuestros días, ¿cómo
serían este Quijote y Sancho “en los despachos”?
En la realidad no suelen existir personajes puros; si tomamos estos dos
modelos, todos somos un poco quijotes y un poco sanchos, claro que variando
mucho las dosis de unas personas a otras. Eso es lo que creo que debemos
buscar: equilibrar fuerzas que en alguna medida pueden resultar divergentes.
En las empresas, en los negocios, hay que ser aventurado, buscar lo imposible,
entrar en territorios apenas conocidos, pegarse con lo que se ponga por
delante, sean gigantes o rebaños de ovejas. Pero también
hay que tener los pies en el suelo y ver la realidad como realmente es,
y buscar el acomodo personal, y el bien de la familia, y el gusto por
el terruño de donde uno ha salido.
¿A
quién va dirigido este libro? ¿Es exclusivamente un libro
de consulta para asesores, consultores, y jóvenes empresarios?
Aunque pueda sonar mal al decirlo, el destinatario del libro soy yo. Me
explico. Cuando tengo una idea que me bulle mitad en el cerebro y mitad
en el estómago, me pongo a escribir para aclararme yo, para decirme
las cosas, y para divertirme. Luego, cuando voy terminando el trabajo,
voy pensando en que las cosas que me estoy diciendo también le
pueden servir, tal vez, a mis amigos y, más lejos, al público
en general. Con “Quijote en los despachos”, he recibido comentarios
muy agradables pero, claro, de personas que me quieren. No sé cuánto
puede interesarle a un público abierto; eso tendría que
decirlo el mercado, palabra sacrosanta, pero el mercado editorial está
terriblemente intervenido. Lo que creo honradamente, sin ánimo
de publicidad, es que en el libro se encuentran enseñanzas que
pueden ser de provecho a los responsables de empresas, si creen que sus
negocios son sobre todo una tarea hecha por hombres y mujeres de carne
y hueso. Si lo que practican es sólo la dictadura de la cuenta
de resultados, lo mejor que pueden hacer es prohibir tajantemente que
se hable de estas cosas. En cualquier caso, todo el mérito de aquellas
enseñanzas es de Cervantes.
¿Por
qué El Quijote? ¿Desde cuándo su pasión por
la obra de Cervantes?
Mi contacto con El Quijote es una “vocación tardía”;
lo leí ya con cierta edad. Y, como suele ocurrir, de los conversos
salen los apóstoles más fervientes. En todo caso, yo no
he pretendido hacer una “breve síntesis” a las que
los directivos son tan aficionados para evitarse la lectura de los originales
sino, bien al contrario, animar a la lectura directa en las fuentes.
Ana Isabel Jiménez
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