| “La
cocina del Barroco” Nueva obra del escritor manchego Lorenzo Díaz
“COLÓN
ENSEÑÓ A COMER A EUROPA”

Lorenzo Díaz
es experto en temas de comunicación y de gastronomía.
Foto: CARLOS MORENO
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Lorenzo
Díaz presenta estos días “La cocina del Barroco”,
auténtico retrato social y gastronómico del Siglo de Oro
español. Una época que ha llegado a nuestros días
barnizada de tópicos, de reyes tragones y pícaros hambrientos,
que se asienta en nuestra cocina más tradicional y que aún
hoy pervive en muchos de nuestros fogones.
Lorenzo
Díaz es manchego y presume de ello. Cursó estudios en la
Escuela crítica de Ciencias Sociales con los profesores Tierno
Galván, José Luis López Aranguren, Ramón Tamames
y José Vidal Beneyto. Es uno de los más prestigiosos especialistas
en sociología de la comunicación y autor de alguno de los
best-sellers de la cultura mediática española, como “La
radio en España”, “La televisión en España”,
entre otros. Pero además de su pasión por la comunicación,
Lorenzo Díaz es además gastrónomo y enamorado del
buen comer. Autor de libros como “Madrid, bodegones, mesones, fondas
y restaurantes”, “Tabernas, botillerías y cafés”
y “La cocina del Quijote”, presenta ahora su libro “La
cocina del Barroco. La gastronomía del siglos de Oro en Lope, Cervantes
y Quevedo”, auténtico tratado del comer y del yantar de la
época de la mano de nuestros más grandes escritores. De
las hambrunas y de los hartazgos, de las grandes comilonas a las grandes
penurias, de reyes tragones y pícaros caninos, todo ello se ve
reflejado en esta obra donde se ofrece además al lector un abundante
recetario de los platos más conocidos de la época, algunos
de ellos todavía vigentes.
Sarcástico
e irónico a partes iguales, a sus espaldas lleva más de
treinta libros y ostenta entre otros el Premio Nacional de Gastronomía,
el Premio Alimentos de España, el Premio Bachiller en Fogones además
de ser Abanderado del Cochinillo de Segovia. También ha publicado
numerosas biografías como “Lucio. Historia de un tabernero”,
“Jockey: Historia de un restaurante”. Prepara en la actualidad
el libro “Casa de citas: La telebasura en España” y
“Viejos y nuevos restaurantes” en colaboración con
Fernando Salaberri. A pesar de todo este equipaje, es hombre de buen conversar
y mejor comer, recio en los sabores y afable en el trato, que perdería
su honor y sus riquezas por “un conejo de monte escabechado”.
Buen provecho.
“La
cocina del Barroco” comienza situando al lector en la época
histórica y contextualizando algunos de los hitos que marcaron
este período. Más allá de los tópicos heredados
sobre esta etapa histórica ¿se puede hablar de una cocina
de clases al referirnos al Barroco?
Hay una visión sobre el Barroco provocada sin duda por la literatura
de la época de gran calidad, como es la literatura picaresca, que
habla del Siglo de Oro Español, que abarca desde el reinado de
Carlos V hasta el final de los Austrias con el reinado de Carlos II con
la gran decadencia, como una sociedad de hambres, de sectores sociales
depauperados en busca de la sopa boba y la realidad es muy distinta. Si
uno lee a Lope, a Cervantes o a Quevedo, los grandes intelectuales de
la época, habla de una sociedad dividida en clases con una Corte
barroca esplendorosa que comía a mandíbula batiente, unos
reyes tragones, como Carlos V, Felipe II y sus sucesores, unos pícaros
famélicos y la mayoría de la gente que comía. Si
uno lee los entremeses cervantinos o las comedias de Lope aparecen labradores
postineros que comían con holganza y suficiencia, y esta es la
realidad y lo que yo desmitifico en mi libro. Parece mucho más
interesante en el Siglo de Oro hablar de los pícaros, ese Lazarillo
de Tormes en Toledo canino, que hablar de las clases medias de Puebla
de Montalbán, de Talavera de la Reina o Toledo que comían
de los productos de las riberas del Tajo, conejo de monte, berenjenas,
arroces y guisos de lo más variado. Literariamente era más
morboso sacar a un pícaro y a un ciego hambriento que a un campesino
de Puebla de Montalbán que comía.
Desde
luego que si nos damos una vuelta por la literatura de la época,
Lope, Quevedo, Cervantes... vemos como hay muchas referencias gastronómicas,
es casi obligado un pasaje referido a las comidas de la época a
la hora de enmarcar cualquier situación entre los personajes. ¿Por
qué ese afán por descubrir al lector las cocinas de la época
y las gulas o las hambrunas de los personajes?
Es sencillo, estamos hablando de intelectuales más completos, se
dedicaban en sus obras a describir la vida cotidiana. Hay un dato importante,
los hispanistas franceses cuando hablan de España señalan
que los españoles somos imbatibles e insuperables en la vida cotidiana,
en nuestras relaciones sociales, en los cafés, en los bares, en
las tabernas y en las romerías. Los intelectuales de aquella época
describían con mayor minuciosidad como era la gente, como vivían,
lo que comían... ahora lees a un novelista español y no
sabes lo que comen los protagonistas, están en el mogollón,
con drogas y alcohol, pero no sabemos si comen nueva cocina, si comen
fast-food y por ello no reflejan la vida cotidiana en su totalidad. La
diferencia está en este punto, Lope de Vega, Quevedo, Cervantes
reflejaban en sus obras con precisión la vida cotidiana en su localidad.

Más de treinta libros avalan la obra del escritor manchego
Lorenzo Díaz, autor entre otras obras de “La cocina
del Barroco”.
Foto: CARLOS MORENO
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¿Existen
muchas diferencias entre como comían los ricos del Barroco y otras
clases sociales como la burguesía, los campesinos adinerados?
Los ricos siempre comían mejor. En Lope de Vega se puede ver como
los labradores del Tajo, del Henares, del Jarama... son personajes vivos
que comían caza, verduras y frutos de la huerta. Los pobres...
hay una visión apocalíptica de ellos, que eran los pobres
de solemnidad, que iban detrás de la Corte, habría doscientos
mil que vivían de esa forma. La visión objetiva, serena,
objetiva y equilibrada del Barroco nos habla de una aristocracia de reyes
tragones, barrocos... No hay que olvidar que a la vez que aparece el Quijote
existe otro libro que es el best-seller de la época, está
escrito por el cocinero real de Felipe III y IV, Francisco Martínez
Montiño, “Arte de cocina, pastelería y bizcochería
y demás”, en Toledo, durante el reinado de Carlos V se publica
el libro de cocina de Ruperto de Nola “Libro de cozina... de muchos
potajes y salsas y guisados para el tiempo del carnal y de la quaresma;
y manjares y salsas y caldos para dolientes de muy gran sustancia”,
primer libro publicado en castellano sobre estos menesteres. Es decir,
que hay una tradición literaria, bibliográfica que recogía
el retrato real de España.
Ahora
que todo el mundo reconoce y alaba los parabienes de la conocida como
dieta mediterránea, ¿existe en la cocina del Barroco indicios
de esta dieta vinculada directamente a la Península Ibérica
y al Mediterráneo?
La dieta mediterránea es lo que han comido los españoles
durante muchísimos años, es el aceite de oliva, las verduras,
los pescados azules... lo que pasa que la dieta mediterránea tiene
sus pros y sus contras, es curioso que se habla mucho de la dieta mediterránea
y donde yo he visto más gordos es en el Mediterráneo, Túnez,
Argelia.... no todo son bondades, contiene mucha fécula, mucha
patata... bien llevada con verdura a la plancha, el pescado, los vegetales...
está bien.
Si
pero ese tipo de cocina parece que no abundaba demasiado en los banquetes
reales de la época, los monarcas y los nobles se daban auténticos
homenajes donde triunfaba el colesterol, la caza mayor, los salazones...
Los reyes eran grandes comilones y grandes obreros de las artes amatorias,
se tiraban todo el día comiendo y tenían además otro
apetito, el sexual, desordenado. Eran reyes que tenían gota provocada
precisamente por estos excesos, los gastronómicos, tenían
una dieta salvaje, mucha carne, se comían filetes de kilo y medio
por ejemplo Felipe II, su padre Carlos V se retiró a Yuste, entre
otras cosas, para comer. Su mejor definición es la de reyes tragones,
retrata fielmente la época.
Que platos de la cocina del Barroco han sobrevivido al paso del
tiempo y podemos todavía encontrar en los fogones castellanos.
Desde luego que hay platos que persisten. La caza abundante en los territorios
de La Mancha, perdices, venados, corzos, jabalíes.. la forma de
cocinarlos es prácticamente igual a la de nuestros días.
Los guisados, los pistos, pipirranas... y sobre todo el plato de referencia
la olla podrida y el cocido. La olla podrida, es la olla del poderoso
con profusión de carnes y verduras, perdiz, paloma, cerdo, vaca...
y quizás lo que más queda es el cocido, la olla podrida
devaluada, va perdiendo consistencia, se va aligerando. Si hubiera que
hablar del logotipo culinario del Barroco, el plato de referencia sería
la olla podrida.
Y
la comida rápida, ¿existía algo parecido en el Barroco?
Rápida como tal no. Existía la comida hecha, se servía
sobre todo en los famosos bodegones del puntapié, los colocaban
en las calles próximas a la Puerta del Sol, eran los mentideros
de la villa, España siempre ha sido un país de cotillas
y de chismosos, la iglesia de San Felipe Neri, muy cerca de la Puerta
del Sol, allí estaban los Tercios de Flandes, los intelectuales
como Cervantes y Lope que iban allí a cotillear, a los bodegones
del puntapié, se llamaban así porque cuando llegaba la autoridad
competente les daban un puntapié, puesto que eran ilegales. Allí
vendían hojaldrados, bocadillos, olla podrida que servían
en cazuelas y compraban los hidalgos de menguada olla.
¿Cómo
afecta la llegada de los alimentos de América a esta cocina del
Barroco?
Con el descubrimiento de América comienza el gran experimento del
choque de culturas. De América traemos la despensa de vegetales,
el pimiento, el tomate, la piña, el pavo y nosotros llevamos para
allá todo lo cocido y elaborado, los escabeches, los salazones...
ellos traen lo crudo y nosotros aportamos la cocción. Ellos nos
traen también la patata, nuestra tortilla de patata no existe de
toda la vida, hasta después de la conquista de América no
llega la patata y hasta después del siglo XVIII no se generaliza.
España se convierte en el gran supermercado de Europa. Colón
enseña a comer a Europa.
Uno
de los productos enseña de La Mancha es el vino, pero ha sido quizá
el producto que más ha evolucionado en cuanto a su elaboración
desde el Barroco a nuestros días.
En el Barroco el vino era agraz, se servía caliente, quizás
la palabra más exacta sea repugnante. Nosotros aprendemos a hacer
vinos en el siglo XIX cuando los marqueses Murrieta, Riscal y compañía
llegan a Burdeos huyendo del absolutismo de Fernando VII y aprenden a
hacer vino a la manera francesa. Hasta entonces el vino era “manchorro”
y llegaba a la Corte desde La Mancha en pellejos. El vino de la Corte
de los Austrias eran vinos de Noblejas, Yepes, Valdepeñas, de La
Mancha, Toledo era la suministradora oficial de vinos a la Corte. El vino
tal y como lo entendemos ahora ha sufrido un cambio espectacular, ha sufrido
una “perestroika” absoluta del vino español, provocada
por los jóvenes enólogos y las nuevas tecnologías.
Si
el túnel del tiempo tuviera parada en Castilla-La Mancha y nos
pudiéramos trasladar hasta la cocina del Barroco, ¿cómo
sería ese aterrizaje, nos podríamos adaptar a esas costumbres
culinarias?
Estaríamos ante una comida muy sabrosa, mucho más especiada,
con una fruta extraordinaria, unas lechugas del Tajo, estaríamos
en un Tajo no contaminado, en un Jarama que nos ofrecería fresas,
la huerta de Aranjuez en pleno florecimiento, melones de Villaconejos,
uvas de Noblejas... una comida más sabrosa, con muchas más
grasas. Poco a poco hemos ido eliminando las grasas en nuestra dieta,
yo particularmente como soy un hombre enamorado de los sabores de antaño
daría media vida por poder comerme un conejo de monte, o una perdiz
escabechada...
Ana
Isabel Jiménez
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