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RÍO GUADIANA (II)
En este segundo artículo del recorrido del Guadiana por tierras castellano-manchegas, el río no deja de sorprendernos, se empeña en sus excentricidades y nos sorprende atravesando tierra de volcanes (paisaje extraño en la Península), sotos y hoces espectaculares mientras fluye entre dos importantes espacios naturales: Cabañeros y el valle de Alcudia. Luego será totalmente domesticado con infinitos embalses, ya en tierra extremeñas, para dirigirse hacia Portugal y entregar sus aguas al Atlántico. Deja el Guadiana Las Tablas en el puente de los Navarros y por el norte de Ciudad Real se embalsa en El Vicario donde con facilidad podremos observar cientos de cormoranes sobre los árboles ahogados de sus orillas; y más adelante tuerce hacia el sur y pasa bajo los arcos del puente de Alarcos, muy cerca de un complejo donde se levantan las ruinas del castillo en el que Alfonso VIII, hijo de Sancho III, fue derrotado por el dirigente almohade Yusuf II en 1195. Luego el Guadiana se sumerge en las interminables llanuras del corazón de La Mancha que aparecen salpicadas de suaves colinas, pequeñas lagunas y serratas en un paisaje sereno y sosegado, que representan discretos vestigios de otro tiempo muy diferente que tuvo su máximo apogeo hace unos cinco millones de años, cuando una frenética actividad volcánica tuvo lugar en estas tierras que hoy conocemos como Campo de Calatrava, escenario de innumerables avatares históricos durante la Edad Media. Su realidad paisajística y geomorfológica siempre pasó desapercibida, a pesar de tratarse de una de las zonas más representativas del vulcanismo ibérico. Por fortuna, parece que empezamos a valorar esta herencia del pasado y algunos cráteres ya están protegidos por el Gobierno autonómico, al menos los que se han salvado de una explotación minera especulativa y desordenada.
En un radio de no más de 30 km podemos visitar el cráter de Fuentillejo, el de Cervera, los volcanes de Cabeza Segura, Cabeza del Rey, Cabeza Parda o La Atalaya por citar algunos de los más representativos. El río Jabalón, importante afluente de nuestro protagonista recorre estas tierras al sur del Guadiana para desembocar cerca de Corral de Calatrava. Por la zona aparecen también una serie de pequeñas lagunas estacionales que en primavera e invierno reciben gran cantidad de aves acuáticas, como la laguna del Prado o Inesperada, en Pozuelo de Calatrava; Carrizosa y la Perdiguera, cerca de Cabezarados o Cucharas en Almodóvar del Campo.
El río Tirteafuera viene del sur atravesando estas tierras. Y aún más hacia el sur, pero siguiendo en los dominios del Guadiana, se extiende sobre unos 100 km de este a oeste el Valle de Alcudia donde aparecen extensas dehesas de encinas y numerosos ríos bordeados de vegetación ribereña, robledales, quejigares y alcornocales, refugio de faunas amenazadas y escasas. Tierra minera, Almadén anda cerca, en estas tierras aún podemos visitar algunas minas abandonadas a cielo abierto como la de el Entredicho, cerca de la población de Almadenejos. Los ríos Alcudia, Valdeazogues y Guadalmez, éste último haciendo frontera con Córdoba son los más destacados de la comarca.
Por el norte, el río Bullaque viene desde Cabañeros para desembocar en Luciana. La historia de Cabañeros es de sobra conocida por los castellano-manchegos. Tras la intención de instalar un campo de tiro para las fuerzas aéreas, se declara como Parque Nacional una superficie de 58.000 has en 1995, territorio ampliado en los últimos años. Este paisaje de rañas, encinas y barrancos es una de las mejores representaciones de bosque mediterráneo de toda Europa; hábitat de ciervos, cigüeñas, buitres negros... Cabañeros recoge espacios de libertad y no sólo por la singularidad de ser el primer parque nacional dedicado al ecosistema mediterráneo, ni porque el esplendor de las selvas de jaras y encinas cieguen el raciocinio del viajero. Cabañeros con toda su riqueza y variedad sólo es una pieza del vasto conjunto que chorrea a norte y sur por el espinazo de los montes de Toledo, Ciudad Real y Talavera. Por el norte del parque, el río Estena forma paisajes de roca, bosque y agua de gran belleza como el “boquerón del Estena”, cerca de Navas de Estena, un lugar perfecto para perderse en el silencio y pasear tranquilo oyendo apenas el golpear de la corriente sobre la roca. Otro paisaje singular lo podemos descubrir desde Horcajo de los Montes hacia el espectacular salto del Chorro.
Hemos dejado al Guadiana dibujando numerosos meandros por los campos del extremo noroeste de Ciudad Real mientras se rodea de espesuras ribereñas de sauces, tarays, fresnos y alamedas. No olvidemos que el río Guadiana y sus afluentes, después del Duero, son la segunda cuenca peninsular con mayor superficie en áreas ribereñas, unas 27.000 has, y poseen una vegetación riparia asociada a sus márgenes que alberga una diversidad ecológica muy notable. Pasando Puebla de Don Rodrigo el paisaje se estrecha, el río se encajona. Cuando recibe al arroyo Doña Juana, el Guadiana desaparece tras una pared vertical de cuarcita. Estamos en las Hoces del Guadiana un espacio tan hermosos como desconocido.
Las Hoces del Guadiana constituyen una formidable reserva de vida, de naturaleza intacta, de paisajes limpios e íntegros. Sin duda las hoces constituyen una sorpresa para quienes piensen que el Guadiana es río de llanos y no de angosturas. Y como todo paraíso, se esconden en lo profundo de su belleza, guardadas por serrijones perdidos entre la calima del mediodía, en vallezuelos que trepan, libres y verdes, por las comisuras del paisaje. Con esta grandiosidad se despide el Guadiana de Castilla-La Mancha, ya ha recorrido casi la mitad de su largo camino hacia el mar. Ahora se dispone a ser domado, remansado mil veces, primero en el Cíjara y García Sola; luego en Orellana. Así transcurre durante muchos kilómetros por tierras extremeñas. Pasa por el espectacular puente de Medellín hasta llegar a la monumental Mérida y luego Badajoz, donde nuestro río traza frontera para hacerse internacional y más tarde sólo portugués. De nuevo fronterizo, como no queriendo olvidar sus raíces, entre Ayamonte y Vila Real de Santo Antonio muere el Guadiana, o tal vez sólo vuelve a nacer.
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