Abierto un Centro de Interpretación que desvela sus claves
LA RESISTENTE BELLEZA DE MELQUE, ESPEJO DEL TOLEDO VISIGODO


La robusta estructura arquitectónica del edificio ha protegido a la que hoy es la única iglesia visigoda completa que se conserva en la Península.

Foto:CARMEN CASERO

Tan antigua que parece futurista; tan resistente y versátil que ha sido iglesia, fortaleza e incluso pajar; tan firme que ha aguantado el paso de cerca de 1.400 años; tan sencilla como extraordinaria ya que habría que irse a Italia o el Mediterráneo oriental para encontrar una iglesia completa de una arquitectura similar.

La ermita de Santa María de Melque es la única iglesia visigoda que se conserva íntegra -salvo algunas modificaciones como la torre central de época islámica- en la Península Ibérica, lo que incide en la relevancia de un monumento que refleja, junto a los restos arqueológicos de este sitio histórico, el modelo seguido en la construcción de los monasterios visigodos, con unas características diferentes a la organización de los monasterios medievales.

Construida en el siglo VII en un estratégico enclave situado entre San Martín y La Puebla de Montalbán, la ermita de Santa María de Melque fue en su momento centro de un gran monasterio de varias plantas y tan monumental como la iglesia que rodeaba. ”Este edificio basilical tardoromano que, adaptándose al territorio, dejaba la iglesia oculta en el interior, en un patio central, no se ha conservado íntegro como la ermita, pero sí parcialmente en el subsuelo en determinadas zonas, al igual que un colindante conjunto de edificaciones que albergaba otro claustro.

Todo ello formaba parte de un complejo monástico, de producción y poder que se extendía a lo largo de 12 hectáreas cercadas dentro de una muralla de época visigoda y que, además de sus puertas y fortificaciones, contaba con cinco presas”, explica el jefe del servicio de Arqueología de la Diputación Provincial de Toledo, Jesús Carrobles.

Conservación de Santa María de Melque

Mientras que los alzados completos del monasterio que envolvía la iglesia y los edificios adyacentes no han llegado a nuestros días, el de la ermita se ha conservado gracias a una potente y firme estructura arquitectónica que ha favorecido una constante adaptabilidad de su fortaleza a las necesidades de cada periodo. Precisamente, esta permanente funcionalidad, para muy diversos usos, es la que “ha mantenido vivo” un edificio que hoy es un “monumento único” y el mejor espejo para contemplar toda una época en la que Toledo se convirtió en “urbs regia” del Reino Visigodo, distinción que sentó las bases de su capitalidad eclesiástica.


Los restos de la torre central que cubre la cúpula de la iglesia son la principal huella del castillo islámico en el que se convirtió Melque.
Foto:CARMEN CASERO

No obstante, a pesar de esta solidez a prueba de casi un milenio y medio, la primera actuación que requería la supervivencia de la ermita, en peligro de desaparición porque presentaba muchos problemas estructurales, era la de su rehabilitación, acometida por la Diputación de Toledo que adquirió la iglesia y una amplia zona del yacimiento arqueológico en 1968, para sumar en los años 90 al conjunto de trabajos de conservación las casas labriegas que rodeaban al monumento con el doble objetivo de dotar en estas antiguas dependencias agrícolas de los servicios necesarios al enclave para que sea un monumento visitable y crear un centro de interpretación que explique al visitante los numerosos detalles históricos que atesora Melque y el proceso de investigación desarrollado durante los últimos treinta años. Así mismo, como tercer fin, la recuperación de las casas labriegas invita a evocar en parte la primitiva imagen de Melque durante su primera etapa conventual como un edificio de culto en el centro de un patio, rodeado de las dependencias del monasterio.

Estratégica ubicación y funcionalidad

La geoestrategia puede llegar a cambiar por completo y si ahora la impresión al visitar Melque es la de “llegar a un sitio apartado del mundo”, agrega Carrobles, en épocas pasadas fue una zona ganadera muy importante, de caminos y cañadas, perteneciente a la ciudad de Toledo, donde estaba la Corte y, más tarde y durante mucho tiempo, zona de frontera en la que eran continuas las correrías y los enfrentamientos, incluso después de la entrada de Alfonso VI en Toledo tras el dominio islámico, lo que explica la transformación de la ermita en fortaleza y la construcción, a escasa distancia de Melque, del castillo de Montalbán, uno de los de mayor tamaño e importancia de las tierras que actualmente conforman Castilla-La Mancha.


El templo preserva íntegra una de sus capillas laterales con un columna de piedra como altar.
Foto:CARMEN CASERO

El complejo proceso de permanente vida que ha rodeado a la ermita de Melque, ha propiciado su conservación y la ha llevado hasta el siglo XXI, arranca en los siglos VII y VIII como iglesia de un gran monasterio visigodo que, tras la conquista islámica de la Península, mantiene su función monástica habitado por una comunidad mozárabe. Sin embargo, el culto cristiano termina perdiéndose y Melque se halla en el centro de un poblado que alza sobre el sólido edificio un pequeño castillo, del que se conserva la torre que aún cubre la cúpula de la iglesia. Con la Reconquista de Toledo capitaneada por Alfonso VI, Melque recupera el culto como ermita, a la vez que mantiene, abrigada por una nueva serie de murallas, su cometido militar como fortificación hasta muy avanzada la Baja Edad Media, para perder poco a poco, conforme se diluyen las necesidades de encastillamientos, su utilidad defensiva y convertirse en una ermita rural donde se desarrollan romerías. Pero la desamortización de los bienes eclesiásticos del siglo XIX conlleva la venta de Melque y la pérdida del culto como ermita, con lo que se inicia un proceso de olvido del monumento que es empleado como nave agraria, pajar, cerradero de ganado y secadero de tabaco, utilidades que, por otra parte, han favorecido su mantenimiento.

Edificio único en la Península Ibérica

Considerado el templo altomedieval mejor conservado de la Península Ibérica, su aparejo y técnica constructiva poseen una clara herencia tardoromana, “con bóvedas que recuerdan las mejores construcciones romanas incluso de los siglos I y II”, pero la planta, el alzado y la ordenación de esa arquitectura es ya puramente bizantina y oriental, con una decoración en estuco que recubría las paredes de abajo a arriba. Estos últimos elementos decorativos se han ido cayendo, son escasos los que conservan -se pueden observar en algunos de los arcos torales del crucero- y de haber permanecido en su totalidad cambiarían por completo la percepción actual de la piedra casi desnuda de la ermita, al tiempo que tienden claros vínculos con el mundo oriental, en concreto con las primeras expresiones conocidas del cristianismo en lugares como Siria o Jordania. A este respecto, se considera que Toledo, como Corte del reino visigodo, llegó a hacer un programa de asimilación con Constantinopla que era el modelo de aquella época, por lo que la imagen bizantina de la hoy capital castellano-manchega tuvo que ser, sobre todo en el siglo VII, “muy evidente y marcada”, reseña Carrobles, que destaca, en este sentido, que Melque, además de precioso, es “el mejor sitio del que ahora podemos disponer para conocer el Toledo visigodo”, ya que no se conserva ninguna construcción visigótica completa en el Casco Histórico, tan sólo piedras sueltas reutilizadas en edificios medievales.

De la misma manera, es un lugar privilegiado para percibir la importancia del mundo mozárabe y el único edificio que se conserva originario de la época de una liturgia atesorada en iglesias como la de Santas Justa y Rufina, cuyos edificios tienen elementos muy antiguos pero sujetos a reformas muy tardías, así como para situarse en periodos de peculiares prácticas propias de los cultos del mundo antiguo y el cristianismo primitivo.


La planta y la decoración que recubría las paredes reflejan la influencia bizantina de un templo cuya técnica constructiva es de tradición tordorromana.

Foto:CARMEN CASERO

Como ejemplo de ese rito mistérico, las huellas en las columnas de las que parte el presbiterio de la iglesia aluden a la anterior existencia de un sistema de colgaduras o cortinas que tapaba en el momento de la Consagración a los iniciados del resto de asistentes a la ceremonia; mientras que un recoveco tallado en el exterior de los muros de la ermita, en el que sólo cabe una persona y desde donde puede escuchar misa, retrotrae al ascetismo cristiano primitivo de los siglos VI y VII, en los que surgen fenómenos como los de los “estantes” o estacionarios, que se imponían la inmovilidad absoluta; los “dendritas”, que habitaban en los árboles; los “estilitas”, que vivían sobre una columna; o los “reclusos”, que se dejaban amurallar en cuevas, sepulcros o casas construidas para ello.

Templo monástico

De planta cruciforme, la iglesia preserva íntegras sus distintas naves, una de las capillas laterales que conserva un altar de una columna de piedra, parcialmente otra capilla y una sala con diferentes arcos de herradura, además de un nicho relacionado con el responsable de la fundación del templo, quien presumiblemente fue una persona muy próxima al mundo del poder del final del Reino Visigodo de Toledo, donde, así mismo, ya se encontraba la jerarquía católica más importante. La nave del presbiterio del templo es mucho más larga que la de una iglesia normal, para ensancharse en la zona del ábside donde se situaba el altar, lo que denota el origen monacal de una iglesia que, en el exterior, está circundada, en una parte, por una necrópolis monástica de época visigoda y, en otra, por sepulturas antropomorfas talladas en roca de la época de la repoblación (de los siglos XII al XV).

Sin saber con seguridad la orden monástica relacionada con Melque, sí se conocen bien las reglas de los monasterios de época visigoda y una de las más difundidas por esta zona fue la de San Isidoro de Sevilla, caracterizada por un minucioso y armónico reparto de las horas de trabajo y culto. Pero independientemente de la regla que presidiera la vida del monasterio, Melque es testigo de la iglesia tardoromana que pasa a ser visigoda y en la que destacan las figuras de padres toledanos como San Julián o San Ildefonso, provenientes de una cultura monástica y contemporáneos de una época en la que se alzan monasterios en los alrededores de Toledo como éste de Santa María de Melque, el único que subsiste hoy de ese periodo.


El Centro de Interpretación invita a adentrarse en los momentos históricos que explican un monumento tan magnífico como sorprendente por único.
Foto:CARMEN CASERO

Centro de Interpretación

Todos estos aspectos y el amplio proceso histórico que vive Melque son descritos en el Centro de Interpretación habilitado en las casas labriegas restauradas con los materiales y las trazas originales, y a cuyas cubiertas se les ha dado una mayor continuidad para potenciar la condición espacial de conjunto. Dividido en dos fases, el centro de interpretación abrió al público el pasado verano su primera parte y, en ella, el visitante encuentra desde una introducción geográfica del sitio histórico hasta un marco cronológico del núcleo original de Melque y las principales reformas que le dan su semblante actual -el cual empieza con la caída del imperio romano y acaba justo después de la batalla de las Navas de Tolosa-. Sucesivos paneles explicativos demuestran que Melque era un edificio conocido y reflejado en numerosas fuentes como lo exponen relaciones de, por ejemplo, Felipe II y el Cardenal Lorenzana; y que es un monasterio visigodo de los muchos conocidos en la zona y la provincia de Toledo, aunque del resto apenas se conservan un metro ó dos de altura.

Las intervenciones e investigaciones desarrolladas desde finales de los años 60 también quedan reseñadas en esta primera parte del centro de interpretación, así como los parámetros que ayudan a discernir los motivos por los que se construye un monasterio de estas características en Melque, para lo que se explica el rápido proceso por el que Toledo se convierte en uno de los focos de poder más importantes del cristianismo antiguo, la Iglesia de los Concilios, las principales figuras de esta época y la iglesia mozárabe, con su rito, tras la etapa visigoda. Así mismo, se especifican las continuas transformaciones que ha sufrido Melque en el transcurso de los siglos y un vídeo sitúa al espectador en cada uno de esos peldaños por los que ha transcurrido la historia.

Junto a la dotación de agua y luz al enclave, la rehabilitación del área de las casas de labranza ha facultado la creación de aseos para los visitantes, una pequeña vivienda para el personal encargado del mantenimiento, un porche para romerías y excursiones, un salón de trabajo que podría alojar talleres abiertos al público de las excavaciones y unas salas destinadas a la ampliación del centro de interpretación, cuya segunda parte prevé explicar todo lo que ha desvelado y complementado Melque a partir de su estudio, rehabilitación y labores arqueológicas, como las necrópolis halladas, las diversas murallas y fortificaciones, cómo se vivía en la época visigoda y las costumbres monásticas que seguían sus habitantes.

ARSENIO RUIZ

Monumento visitable

Descubierta a principios del siglo XX por el conde de Cedillo que involucra a otros importantes investigadores de la época como Manuel Gómez Moreno en la puesta en valor del edificio, la ermita es declarada Monumento Histórico Artístico en 1931 y tras su adquisición por parte de la Diputación de Toledo se inician los estudios y excavaciones del enclave, la consolidación de la iglesia e, incluso, el Ministerio de Cultura elige Santa María de Melque en 1982 para desarrollar un proyecto piloto de Parque Arqueológico. Por un lado, ese proyecto aún no ha echado a andar, pero, por otro, sus indicaciones han servido en parte de guía para, en función de las posibilidades de la Administración propietaria, encaminar las actuaciones hacia el objetivo de hacer visitable el monumento, una vez rehabilitado, con la creación del anillo de servicios que posibilita y explica el recorrido, de manera que, aunque continúen las obras, se pueda disfrutar de este magnífico entorno, al tiempo que se aprecian in situ los trabajos arqueológicos y las actuaciones de conservación. Una vez consolidado este anillo, las siguientes fases de actuación deberían ser la mejora de los accesos y aparcamientos, para seguir con todo el acondicionamiento de los restos arqueológicos que rodean Santa María de Melque, como son las presas, el monasterio en su conjunto y el resto de edificaciones.