En la primera mitad del Siglo XIX se inicia el proceso
desamortizador que, desde 1836 hasta finales del Siglo, va a contribuir a la reforma
jurídica de la propiedad de la tierra. Felix González Marzo, ha estudiado la
desamortización en la provincia de Cuenca ("La desamortización de Madoz en la
provincia de Cuenca" y "La desamortización de la tierra Eclesiástica en la
provincia de Cuenca") y Albino Feijoo Gómez lo ha hecho en la Región
("La Desamortización del Siglo XIX en Castilla-La Mancha"; 1988).
Con carácter general la desamortización resultó ser un eficaz
instrumento jurídico, aprovechado y auspiciado por la burguesía, en cuanto nueva clase
social emergente, y por los terratenientes del antiguo régimen, para reformar la
estructura de la propiedad de la tierra. La venta en pública subasta de los bienes
(fundamentalmente rústicos) de la Iglesia, Estado, Nobleza... "manos muertas"
en definitiva, a partir de 1.836, contribuyó a la concentración de la propiedad, a pesar
de las intenciones expresadas en el texto del Decreto por el que se inicia la
desamortización de los bienes eclesiásticos, pretendiéndose que tanto los grandes como
pequeños propietarios, así como los "labradores aplicados" y "jornaleros
con alguna esperanza o con la protección de algún ser benéfico", pudieran
tener acceso a la compra de las tierras. La realidad fue que quienes adquirieron las
tierras en su inmensa mayoría fueron los grandes propietarios y personas que sin tener
hasta ahora tierras poseían grandes cantidades de dinero que invirtieron en la compra de
propiedades; muy poco adquirieron los labradores acomodados y nada los jornaleros.
Otro aspecto a tener en cuenta en el proceso desamortizador, y que
afectó considerablemente (en sentido negativo) a los pueblos, fue la inclusión de los
"bienes de propios y comunales" de los municipios entre los susceptibles de
desamortizar y por tanto vender, pues ello supuso la descapitalización de muchos
municipios y la privación a muchos de sus vecinos de los "mínimos de
subsistencia" que obtenían del aprovechamiento de los bienes comunales o del
arriendo de los bienes de propios. Albino Feijoo Gómez, en el libro citado, lo expresa
claramente: "La desamortización de los bienes de propios fue llevada a
cabo contra la voluntad de los pueblos. Los pueblos no deseaban la enajenación de sus
bienes de propios y comunales, oponiéndose a ello desde el siglo XVIII con bastante
éxito. El éxito en la defensa de sus propiedades se debió a varias causas, entre las
que no hay que olvidar la imposibilidad del Estado de hacer frente a los gastos de obras
públicas, salarios de empleados públicos, médicos, maestros y otros gastos municipales
que recaían en las haciendas locales; y también por el apoyo que los mayores
propietarios de cada pueblo ofrecían a los Ayuntamientos, ya que ellos eran los
principales beneficiados de los montes y pastos del Común y del arrendamiento de sus
propios. Sólo en 1.855, cuando se plantea una desamortización de propios sin atisbos de
reparto social de la tierra, y claramente favorable a "los ricos", como había
sido la desamortización de Mendizábal, el Gobierno triunfa sobre los pueblos. Los
pueblos pierden el apoyo de los mayores propietarios, que ahora ven la posibilidad de
legalizar su dominio útil sobre las tierras de propios que tenían en arriendo, a través
de compras favorables; y legalizar ocupaciones de bienes comunales que venían llevando a
cabo desde mucho tiempo atrás, explotando grandes superficies de estas tierras como si
las tuviesen arrendadas en exclusividad e incluso incorporándolas a fincas
lindantes."
En lo que respecta a la desamortización en Villalgordo del
Marquesado, y tomando datos de Félix González Marzo, en el primer proceso
desamortizador (se materializó en el año 1.844) se enajenaron 154,86 Hectáreas por
importe de 84.141 reales, procediendo las tierras desamortizadas exclusivamente de la
Iglesia (Cabildo, Capellanías, Parroquia). En el segundo proceso desamortizador iniciado
por Pascual Madoz en 1855, se enajenan en Villalgordo 2 fincas del clero, 1 del Estado, 1
de la Instrucción Pública y 1 de Propios (horno de pan cocer), por un valor total de
155.828 reales.
Respecto a los bienes de propios de titularidad municipal
enajenados en virtud de las procesos desamortizadores, aún en 1.915 no ha procedido el
Estado a su liquidación, pues en sesión de 4 de abril de este año el Ayuntamiento
acuerda dirigirse a las oficinas de Hacienda para que"...se solicite la
liquidación a favor de este municipio por el capital que representa la venta de los
bienes de propios vendidos de este pueblo por las leyes de Desamortización...."
Aunque el total de hectáreas desamortizadas y enajenadas solo
significasen un 10% aproximadamente de la superficie del término municipal (poco más de
3.000 Hectáreas), fueron adquiridas en su gran mayoría por quienes ya poseían buen
número de tierras, con lo que el proceso de concentración de la propiedad en unas pocas
familias se acrecentó y ha sido la característica fundamental de la estructura de la
propiedad agraria aún en nuestros días. |